Escribir… (Texto contra la violencia de género)

02-Soledad

Escribir y alzar un cortafuegos. 

Una boca de incendio que te salve.

Escribir, bajar hasta el mismísimo infierno. Morder cuneta y labio. Y escribir, para morir o vivir con tinta china y sangre. 

Escribir para decir, que hoy al fin te sobrevivo y que es cierto: “El amor nunca te mata” 

Te teje y te hace fuerte y despiertas un día y te lo arrancas. 

Escribir, vivir dentro del tronco de un olmo y salir solamente a la intemperie para tatuarse en el pecho: causa y efecto. Y así que lean y comprendan; que siempre acabo sobreviviendo y que en este mundo de ciegos jamás los impostores vencieron a los nobles. 

Escribir.

Escribir, para uno mismo. Relatarse o reinventarse y volver a construirse palmo a palmo, lenguaje a lenguaje.

Escribir y tener verbos de sangre que te salven del hambre del hombre ruin. Que siempre pueda decir: “me desmiembro de todos los tristes” 

Me desmiembro y elijo: quedarme con mis rotos y volver a empezar como si la vida fuese simple y no hubiese peligro alguno en el amor. 

Escribir para vivirlo y que el amor sea escrito para darle la vuelta si es preciso.

Escribir desde adentro y hallar un patrimonio entre la mano y el pecho. 

Saber que he estado rimando obsoletos para arrancarte de mí…

Obsoleto el recuerdo; tu tristeza de mundo derramada en mis pechos, tu mentira en mi trigo, tu peligro en mi fin, tu abandono en mi herida, todo selló obsoleto. 

Y sí, sí, sí…

¡Sobrevivo! Para seguir escribiendo y decir:

Que fuiste tú quien perdió. Que trepaste el descenso y bajaste de mi amor. 

Perdieron tus ejércitos la fuerza de mis lágrimas.         No importa dónde estés, no importa dónde vayas, no importa lo que hagas…

Pues yo sigo escribiendo y vuelvo a volar lento, porque volar tampoco es tan seguro y apago los incendios a golpe de papel.

Y hoy por fin absoluta, bendigo las palabras. 

Ya no hay tierra, ni patria donde inscribir tu nombre. No me quedan batallas ni cuentas para ti.                            

Puedes medirme acaso en el amor que te daba, y volver a morderme en esa muerte que ya no importa a nadie, ni tan siquiera a mí.

Contémplame descalza para el mundo; sin cobro revertido,   ni equipaje de exceso hacia el pasado. 

Y arriésgate a tu suerte, de diablo o caballero. Aprende, si es que puedes y protege a tus hijas de riesgos como tú… 

Deja blanco el peligro, deja limpio tu ego.

¡No lo laves en mí!

 

Que todo está obsoleto

Que todo está obsoleto

Y ahora, sobrevuelo

lejísimos de ti

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