SÁBADO 7 DE NOVIEMBRE, 19. 30h

L´HOSPITALET DE LLOBREGAT

El Viejo Piano. Calle Major, 79

JAM SIMULTÁNEA DE POESÍA EN APOYO AL 7N

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La puerta

Ella dice que ha sido con la puerta.

Te baja la mirada.

Apenas se sostiene.

Sabe que empieza a repetirse,

que viste las sombras de su rostro tantas veces.

Inspira.

Ella puede leerte el pensamiento.

Por eso, pronuncia antes que tú:

“Lo sé. Parece que me han dado una paliza”

Quiere hacerte creer que ha sido su torpeza.

Ya sabes, las prisas con el niño

y el canto de la maldita puerta.

Vuelve a inspirar de nuevo,

tan lentamente.

Derrama frente a ti su media sonrisa amoratada.

Te está pidiendo con los ojos que no insistas.

Que la puerta es la puerta.

La puta y ruda puerta.

Te lo ha dicho mil veces.

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Aquello no era amor

Vincent Van Gogh

Vincent Van Gogh
“Paisaje con pareja que pasea”

Ahora ella llevaba un marcapasos y él tenía una ciruelita creciéndole en la próstata. Los mirabas y podías convencerte en dos instantes: eso era lo grande y eso era el amor. La carita de mamá cansada, pero siempre agradecida de poder seguir acompañándolo un día más. Y su mano posada sobre aquel aparatito oculto bajo su pecho, amo de un tic-tac acelerado cuando a él lo llamaban a la sala de tratamientos. Entonces ella abría su libro, trataba vanamente de leer alguna línea y se llenaba mansa de lágrimas. Cuando él salía, se besaban, volvían a cogerse de la mano, partían nuevamente hacia el tumulto de la calle, cogían el autobús y llegaban a casa.

La casa, el hogar siempre limpio. Un lienzo del océano luciendo en el lugar más visible del salón, dos butaquitas en la salita y un televisor para la hora boba de la siesta y el calor de los años. Eso era el amor. 

Pero nosotros no.

Nosotros, no nos amamos. Tú lo definiste muy bien: fuimos viajeros del tiempo. Una fugaz reconexión. Cobardes como los frágiles. Tan locos. Tan animales. Corazones errantes, que dirían. Insensatos, sigo pensando yo.

Hacíamos el amor y aquello era saltar del Himalaya. Colisionar en cada poro de la piel batallas. Alma, corazón, entraña, rendición.

No, aquello no era amor.

Aquello era la vida.

Aquello era el Big-bang, viajero.

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Los mapas

Imagen de Teresa Salvador.

Imagen de Teresa Salvador. “Fábulas” en Flickr

Recompongo los mapas que me nombran. Hablan de mí y a tientas me recorro.

Mirad, este territorio. Estos pedacitos de tierra he sido. 

Las huellas que atesoraron en mi cuerpo un palmo a palmo.  

Un compendio de historias conjugando mi memoria de haberes y riesgos.

Imaginar…

Cada gramo de amor o derrota: un maldito poema

Esto que me quema, que insiste y me evapora he sido…

¡Un incendio con vistas a la ciudad del mar!

Lo piensas y se te eriza la piel…

¿Se puede ser fogata y azul? ¿Volar de precipicios ajenos?

¿Caer de ti? ¡Huir! Humana y victoriosa

Toda la ciclotimia de estos días. ¡Eso soy!

Pero que cada gramo de calma, cuando llegue la noche y la escriba sea para decir que, obviamente, me he estado soñando en la mujer que nunca he sido.

Una mujer de aire no cabe en este mundo…

Yo soy fractal, como el fuego. Conozco bien mi elemento. Me amaban y parecía un lanza llamas. Si nombraban el fuego, allá que iba.  

Un corazón fragmentado se reconoce verde. Por eso soy esta inexplorada selva mía. Soy mi aborigen. Mi enredadera. Mi intransferible mujer vivida.

Hace un año y tres meses de la huida. 

Y te has quedado enredado a mi ira como una letanía por no darte un lugar. Por no admitir que sí, que sucedió. Y yo, lo siento,  no pude amarte, hombre triste. Y no nos respetamos. 

Pero he aquí mi patria. Bajito la pronuncio… 

¡Qué nadie ose a robar mi libertad! Cómo amo este páramo, océano de mí. He aquí el mar, mi lado bueno.

Y ahora sí por fin: reconocer. Y entonces, reconstruir los mapas del pasado. 

Amor, amada, casa_ me decías. Tu pequeño país: mi vientre vencido. 

Y ahora tú: ¡volar! ocupar tu lugar merecido y yo admitirlo. 

Camino, derrota, aprendizaje. Amor humano al fin y al cabo.

Pasado no presente. Ni riesgo en mí, ni límite. 

Espacio no furia. No ira ya. No pobre niña mía, ya…
Y entonces tú; edad dormida,  herida,  mirlo, negro mirlo, perdido hombre niño, hogar de barro, ocupa, hangar en vientre mío. 

¡Perdón! ¡Hangar  enmohecido!

¡Partir! Salir de mí. Salir. 

Trepar los muros de tu excusa o de mi culpa, ciudad caída…

Camina, camina. Ocupa tu lugar.   

                                  ¡Partir!

                                                       ¡Salir de mí!

                                                                 ¡Volar!

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Nadie nos borra los poemas

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Ahora sólo intuyes que la caída es libre. La distancia es un arma de doble filo. Si se te acerca disparas y si se aleja, ya no elegirías ser tú el muerto. Entonces la soledad de los huesos cobra un sentido. Que nadie rompa este insomnio. La esfera de la noche en llamas. Que nadie venga a preguntar por qué no ha sido.

Le amaba por conjugar la locura. Volaba y cruzaba el charco. Océano manso. Un hogar en un cuerpo de lobo. Su irrealidad este pozo. Díganle, por favor, que nunca le he pertenecido. Este lenguaje es mi casa. Aquí no me arrepiento de nada. Hablo de transparencia, de haber salido de la jaula. De estar soñando que vivo. Que ahora ya conozco la osadía. La niña de trapo. Que yo misma nos salvo. Reconozco mi nombre, Venus al norte, a mi gatita dormida sobre el escritorio. Este lenguaje es nuestra casa. Nosotras tenemos garras. Ahora, vivimos en la noche sanas y salvas de los depredadores.

Nadie nos borra los poemas.  

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Si un poeta se enamora de ti

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Si un poeta se enamora de ti…

Tendrás que acostumbrarte a su torpeza

A su particular manera de transgredirlo todo

A su hermosa tristeza tras los ojos

A sus mil y un recodos, a sus cien averías,

a sus cantos, sus esquinas, a su inocencia herida

A su boca de bala

A su niño interior, a su niño por fuera,

a sus cien mil infantes bailando con la vida

Tendrás que convivir con la utopía,

que se siente a tu mesa y se beba tu vino,

que se oville en tu cama hasta el amanecer

que desnude tu celo y se enrede en tu ser

Si un poeta te ama…

Tendrás que acostumbrarte a que te lleve en su verso

A la daga y el fuego en la palabra,

a la tierra minada de sus sueños,

al puto resplandor de su mirada,

al ciervo mestizo que recorre su sangre,

a sus manos de rama,

a su beso endiablado, a sus huesos de blanda esperanza,

a su cielo clemátide, a que vuele y se alce y te abandone un poco

A que regrese roto, a que quiera salvarte del mundo,

a que quiera salvarte de él

A que duerma en tu piel

y se escriba en tu sueño otra historia, otro nombre, otra aurora

Si un poeta se enamora de ti…

Tendrás que armarte de paciencia,

creer de nuevo en la belleza, en el vuelco, en los sueños de aire

Morir en la derrota humana

Tendrás que levantarte una mañana

Y preguntarte al leerlo: ¿Este soy yo?

¿Así es como me ama?

Y querrás que te borre en lo escrito,

o querrás que te nombre

y  te lleve a un camino donde seas motivo y leyenda

que hilvane su boca proscrita

Si un poeta se enamora de ti,

entonces, estarás perdido…

Tendrás que contagiarte de su mala cabeza,

beberte su locura, sorbo tras sorbo,

amar como los ciegos su roja libertad,

vivir en la palabra y saber que no has de morir nunca,

porque si un poeta te ama de verdad…

Tendrás que acostumbrarte

a ser poema

*Publicado en:  mujer de aire

http://mujerdeaire.blogspot.com.es/2013/11/si-un-poeta-se-enamora-de-ti.html

*Imagen obtenida de la red

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Presunto estado del bienestar

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Imagen obtenida de la red

Me pregunto en qué telediario denunciarán sus hechos. Cuándo la caja boba nos dirá: “son estos”…. Los más pulcros verdugos, los que juegan a dioses.  Los dueños del veneno que corre por la tierra. El que está coronando los pueblos y los días.  El que solamente existe para elevar a sueño lo imprescindible…

“Tener un puesto en el mundo. Un salario digno. Un estado  del bienestar cuidando de ti y de los tuyos.  Enseñándoles a crecer y abastecerse.                                                                                                                      A ser un día hombres libres…”

Pero ¡NO!  Los ministros del gran capitalismo, NO nos quieren libres.

Los que roban dinero, prevarican y comen los mejores manjares. Pero cagan veneno. ¡Cicuta sobre nosotros! Los que otorgan: ahora, tú te aprietas más la soga  y tú: ¡Revientaaaas!

Y yo, que estoy naciendo como un liquen en medio de esta furia para agarrar la piedra…     A esta sociedad la estoy llamando judas, culpa, angustia.

¡¡Estoy pidiendo auxilio y mi voz se pierde en el vacío!!! Pero, ¿Por qué seguimos siendo la misma soledad que toman dos caminos que se cruzan?

¡El liquen sobre  la piedra! o ¡El miedo sobre la furia!

La furia, porque  aquí hay niños que en invierno no llevan sus deberes a la escuela porque a las cinco es de noche y en su casa no llegan para pagar la luz. ¡Niños que crecen con el rostro azul de la miseria!

Joder ¡Qué le den trigo al hambre y  no le hablen de austeridad!  Que vayan con su supuesto “estado del bienestar” al llanto periférico de la ciudad; a la esquina que recoge la sombra a capela del inmigrante, del mendigo, o de la prostituta que todos juzgan sin conocer su historia.

Pero dicen nuestros verdugos: que esperemos, porque estamos saliendo de la crisis…    ¡Que lleven a sus hijos a las colas del paro y pongan en sus manos la oscura dote del miedo y la angustia!

Joder, que le hablen de espera al hombre de más cincuenta que vive en la cola del paro, o al anciano solitario al que siguen recortando su mísera pensión. Que le hablen de espera y estado del bienestar a mi hijo adolescente al que dentro de dos años no podré pagar la universidad, mientras siguen ganando “ellos”

Y hoy aquí esperamos que ganen nuestros versos y yo, que os reconozco que llevo una mujerdeaire metida en mi cabeza, lo que más quiero es: ¡Qué ganen nuestros sueños! Que nuestros versos sean rojos, nuestras palabras furias, ¡Piedras que lancemos contra ellos! y ¡Qué venza la cometa de nuestra libertad!

Que nuestra ciudad no sea: esta ciudad caída. Ni nuestras vidas: el sueño que ellos pisan con su codicia.

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De esta guerra que os narro….

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Nunca vimos el numen de sus fieles.

Ni les fuimos asfalto. Ni pudimos jamás estrecharles la mano.

Debo aclararos: ¡NO LES PERTENECIMOS!

Más bien malvivimos renegando de ellos

del tuétano hasta el labio y la memoria viviente

en continuo pasado…

Del febril culebreo de sus ciénagos actos

demasiados valientes dieron con la cuneta.

Nosotros perduramos porque son otros tiempos.

No tenemos fusiles.

Ni ostentamos poderes más allá de los gestos, la boca,  la palabra

para asirnos más fuertes al crujir de los versos, sangre de la cuneta.

Es nuestra bala negra o nuestro abecedario.

Os juro por los míos, que los jodidos macabros

hoy nos siguen tachando:

¡De apátridas! ¡de rojos!

Veneno para el germen del pueblo_dicen ellos.

Irreverentes prosaicos, ateos, absurdos inocentes.

Idiotas insumisos con los días contados_dicen ellos.

Nosotros  por nuestro lado les seguimos llamando:

¡Asesinos! ¡Falangistas venéreos!

¡Ministros del infierno,  curas negros!

¡Economistas hambrientos egóicos excelsos

de aquí ordeno y te aplasto!

De esta guerra que os hablo

ya hablaron o callaron mis abuelos

según  fue necesario.

Aunque no os lo parezca perduran ambos bandos.

Los hijos de los hijos_dicen ellos.

Pero hay gente que vive  al margen de que existe.

Normal, aunque increíble.

No hablan de ella jamás en las noticias. Nunca el telediario.

Ni en vallas publicitarias. Ni siquiera el Estado.

Porque en esta guerra fría que ahora os narro:

 nosotros nunca vencimos

y ellos aún no ganaron

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