¡Quédate en casa! Día 41_ La escuela de la vida

Un sueño lúcido…
Yo sé que, a veces, cuando sueño viajo a lugares secretos que me enseñan la verdad de otra realidad…

Color of Nature, imagen de Wendy Mamattah en Pintarest

Hace un tiempo, tuve un sueño bastante extraño, que hoy os quiero contar…

Yo estaba en una habitación vacía, completamente sola, esperando a que llegase alguien. Era una sala blanca y diáfana, con una gran pizarra situada al fondo y unas sillas dispuestas a lo largo de ella.

Cuando llevaba un rato allí esperando, llegó un hombre vestido con una túnica roja, como si se tratase de un monje tibetano. Iba descalzo y su mirada limpísima me traspasaba, conforme se iba aproximando a mí.

Nada más entrar él en aquella estancia,  sentí cómo me embriagaba una sensación de paz inmensa y recordé porqué estaba en aquel lugar y  a qué había ido exactamente. Aquel hombre iba a revelarme todo acerca de la vida. TODO cuanto yo quisiera preguntarle o necesitase saber.

No hablábamos el mismo idioma, por eso él empezó a dibujar símbolos y unos dibujos maravillosos sobre la pizarra, cuyo significado yo podía comprender poniendo solamente un poquito de imaginación.

Y una por una, él fue respondiendo a todas mis preguntas. Imagino que las típicas que nos hacemos la mayoría de los mortales, ¿Verdad?

¿Qué hacía yo aquí, en este lugar, en este mundo y en este ahora?

¿Era bueno o no tan bueno soñar?

Soñar hasta cuando sabes que estás despierto. Soñar a cada momento y sentir que vives perpetuamente soñando…

¿Y por qué el amor iba y venía y a veces te lastimaba y otras, sin embargo,  te hacía sentir el ser más dichoso de este mundo?

O ¿Por qué seguía yo, año tras año en mi trabajo si ya no había nada allí que me hiciera sentir  mínimamente útil o feliz?

¿Cuál era la razón de que el ser humano, se implicara tantas veces en cosas que no deseaba realmente con el corazón?

Y ¿Por qué en algunas ocasiones cometíamos tantas maldades, cuando nos habían enseñado a ser desde niños buenas personas?

Pero sobre todo…

¿Cuál era nuestro camino o muestra “misión”, sí es que había aquí “misiones” que cumplir?

¿Y por qué algunas veces nos costaba tanto levantarnos, después de algún fracaso? ¿Después de fallar en algo que confiábamos que debería habernos salido bien?

Por qué después de tanto tiempo yo aún no comprendía casi nada del sentido de esta vida. ¿De mi propia vida?

¿Y de qué lugar venimos y hacia dónde vamos?

Si es que nos dirigimos todos hacia el mismo lugar…

Al mismo lugar los tristes que los alegres, los pobres que los ricos, los poetas que los escritores, los músicos que los ladrones, los abogados que los médicos, los que hablan de que los que callan, los que hieren que los que aman, los que matan,  los que salvan vidas, los que sufren, los que padecen, los que entregan, los que florecen, los que gozan…

¿Hacia dónde íbamos cada uno de nosotros?

¿Qué cielo nos estábamos ganando aquí en la Tierra?

Imagen del pirineo aragonés, Valle de Plan, tomada por mí misma

Si es que había, algún cielo que ganarse o que perder.

Aquel hombre, tuvo una santa paciencia conmigo. Recuerdo que estuvimos “conversando” toda la noche, mientras yo dormía sobre mi cama.

Y me sentía inmensamente feliz de saber por fin las respuestas a mis eternas preguntas, aquellas que había empezado a hacerme ya desde que era una adolescente. Una a una, por fin se iban desvelando frente a mis ojos. A veces mediante símbolos que él trazaba en la pizarra, otras a través de aquellos dibujos maravillosos y llenos de vida que plasmaba con sus tizas de colores.

Recuerdo que hasta tomé algunos apuntes para no olvidarme de nada. Como si estuviese de nuevo en la escuela. Porque en ese sueño, aquella sala era:

la Escuela de la Vida.

Pero, ¿sabéis? Lo más terrible fue que al despertarme, no pude recordar apenas nada de lo que él me había explicado tan detalladamente.

Traté de concentrarme mucho, pero fue inútil. La pizarra de mi mente se había quedado prácticamente en blanco. Y mi libreta de apuntes era solamente un objeto perdido en  aquel extraño sueño.

Sí pude recordar,  la presencia y la fuerza de sus ojos entrando en mí,  durante todo el tiempo que estuvimos juntos, mientras él había ido leyendo cada uno de mis pensamientos y de mis dudas.

Recordé también, después de mucho esfuerzo,  aquel momento en que cuando yo le había preguntado acerca del mundo de los sueños, por qué yo soñaba tanto y si eso era bueno y conveniente, sí estaba bien soñar…

Una sonrisa inmensa se había apoderado de su rostro y  sus ojos se habían empezado a iluminar, mientras dibujaba en la pizarra un inmenso arco iris y unos niños que estaban jugando por delante de él, en un gran prado. Y detrás del arco iris, esos niños eran ya hombres, pero con las mismas caras de los niños que estaban jugando por delante del arcoíris.

Yo estaba allí también plasmada en aquel cuadro que él había pintado sobre la pizarra, y me vi en la cara de una niña que jugaba sentada en la hierba con su muñeca y en también en la cara de una mujer que iba  caminando hacia algún lugar detrás del arcoíris, junto al resto de los hombres.

Hoy quiero pensar que aquel hombre tan sabio de mi sueño, pretendía hacerme comprender a través de aquellos hermosos dibujos: ¡Qué sí!  Que soñar es algo bueno y necesario. Y hoy me atrevo a decir:

Qué es bastante bueno es soñar!

Imagen de Henry Perdomo, en Pintarest

Porque al menos, a través de nuestros sueños, podemos llegar a atravesar el arcoíris, a llenarnos de vida, de luz,  de color y seguir siendo niños eternos.

No puedo recordar tampoco, en qué lugar del cuadro de su arco iris estaban situados los niños y los hombres que no soñaban, los que no se atrevían a hacerlo.

“Mujer de aire”, imagen de Teresa Salvador “Fábulas” en Flickr

“La Pasión hace nueva a la vieja medicina:

la Pasión corta la rama del cansancio.

La Pasión es el elixir que renueva:

¿cómo puede haber cansancio

cuando está presente la pasión?

oh, no suspires con pesadez por la fatiga:

¡Busca la Pasión, búscala, búscala!

RUMI  

A Gift Of Love
Rumi Poems| Peaceful music| Sufi |Deepak Chopra/Madonna/Anandmurti Gurumaa

¡Quédate en casa!_día 40_ el mar y volaaaar

Hoy, según mis cuentas, hemos llegado al día 40 de esta cuarentena y yo quería hacer un homenaje a todos los mayores que se han marchado a causa del Covid 19.
Y también a todos aquellos ancianos que están viviendo esta cuarentena en soledad, lejos de sus nietos y de sus seres queridos.
Y por supuesto también a todos los niños que están siendo verdaderos héroes, aprendiendo a volar y a soñar desde sus hogares.
Por eso, hoy este relato de mi infancia es para todos y cada uno de ellos.

Imagen “Granito de sal” de Teresa Salvador, “Fábulas” en Flickr

A mi abuela María

y a todos los que saben soñar que vuelan…

Aquella tarde mi hermano David, estaba muy triste. Tenía la cara empapada y los ojos enrojecidos de tanto llorar por la abuela. Yo solo tenía nueve años, pero ya no lloraba, porque ella me había pedido que no llorásemos demasiado.

Bueno, en realidad si que lloré un buen rato. Pero me sequé las lágrimas antes de ir a buscarlo a él para arrancarlo de las faldas de nuestra madre.

_ ¡Vamos a jugar a volar!_ le dije sonriendo a mi hermano.

_¡Pero yo no quiero jugar a volar!_me dijo él_ ¡Yo quiero jugar a pistoleros!

_¡No, a mí no me gusta jugar a eso!_le dije_ Yo quiero volar, como la abuela.

_ ¡Pero yo no quiero volar, que me caigo!_dijo él protestando.

_ No te caes_le dije yo_ En realidad solo sueñas que estás volando y entonces es como si volases de verdad.

_ ¡Pero yo no tengo alas y sí que me voy a caer!_reiteraba él convencido.

_¡Sí tienes! ¡Lo que pasa es que no las ves!_le dije yo_ Ayer me lo dijo la abuela; que cuando juegas a que vuelas, sueñas que vuelas y entonces tienes alas y ya nunca te caes.

_ ¿Estás segura?_me preguntó él.

_ ¡Claro! Justo ayer, ella lo dijo antes de irse al cielo y darme un beso. ¿Sabes?La abuela se puso a jugar a que se dormía para empezar a volar. Después se quedó dormida de mentira, como la bella durmiente, pero todos han pensado que ella está dormida para siempre.

_ ¿Y no está dormida para siempre?_me preguntó él sorprendido.

_ ¡No! _le dije sonriendo_ ¡Está despierta! Lo que pasa es que se ha ido a vivir al cielo. Se puso a soñar que volaba muy alto y así, se fue al cielo. Y se ha quedado allí a volar para siempre, porque aquí le dolían mucho los huesos.

_ ¿De verdad?_me preguntaba él.

_¡Sí! Eso me dijo ayer, antes de marcharse y que por las noches dormiría junto a los ángeles. Por eso no he llorado como mamá, porque sé que ella está en el cielo y que está muy contenta de estar allí.

_ ¿Y allí ya no le duelen los huesos?_preguntó él sorprendido.

_ No, porque allí el cuerpo no pesa nada. Es como los globos de la feria que cuando vuelan, no pesan. Pero nosotros solo jugaremos “a volar” un ratito y luego vendremos a cenar para que mami no se enfade y no esté triste.

_ ¿Por qué aun no nos duelen los huesos como a la abuela?_ me preguntó él sonriendo.
_¡Claro, por eso! _ le respondí yo.

Y aquella tarde estuvimos “volando” todo el tiempo por la casa. Fuimos del patio al salón, de la cocina al cuarto y del cuarto hasta la luna.

Cuando se hizo de noche, estábamos exhaustos y no habíamos llorado nada. Porque la abuela no quería que lo hiciésemos y además jugar a volar era muy divertido. Así que a partir de aquel día, cada tarde cuando estábamos aburridos jugamos a volar y lo pasábamos en grande. Claro que David siempre llevaba enfundada la pistola y a veces la sacaba para pegar algún tiro contra el viento…

Al cabo de unos meses, una tarde en la playa, mi hermano vino corriendo hacia mí, con una caracola grande entre las manos y me dijo sonriendo:

_ ¡Mira, tata! ¡El mar también sueña que vuela! Se mete dentro de las caracolas y suena como el viento_ y se puso la caracola en el oído, después de decirme eso.

_ ¡Sí!_  le dije yo_  El mar también sueña que vuela, por eso siempre se ve azul como el cielo y suena como el viento rugiendo dentro de las caracolas.

Caracola, imagen de la red

Rumi ♡ – Say I Am You…

¡Quédate en casa”_ Día 39_diada de San Jordi… y Todo lo que añoro

“Hoy me desgrano en lo que añoro:
el buen amar y el mar de un sueño que vive en
Cadaqués”

Sueño que estoy de nuevo sentada frente al mar. Que nada como recordar su azul intenso, me está devolviendo hoy la calma. Que podría pasarme el día entero allí, porque en los momentos en los que no he sabido bien qué hacer, siempre he caminado por una playa y me sentado frente al mar, para que él me diese una respuesta.

Del mar regresan a mí los dones, los tesoros, también las añoranzas. Las viejas fórmulas que hilaba siempre en mi infancia para ser feliz y vivir confiada jugando, simplemente al juego de la vida.

¿Cómo era jugar con la arena gruesa del mar de Cadaqués o con las pequeñas piedras cayendo entre mis dedos, como si fuesen sueños fértiles a punto de florecer?

Tengo tantas preguntas por resolver, que vuelvo a ser la niña y vuelvo a ser el mar en este sueño. Y hago castillos de verdad y caminos con conchas que me llevan hacia ti.

Vuelvo a sentir un profundo respeto por la bravura del mar de Cadaqués, por eso no me baño en mi sueño. Solo me siento a contemplar su soledad y la mía. Cierro los ojos y estoy dentro de un cuadro. Un pintor me está pintando, allí sentada de espaldas:  mujer, niña y mar. Todo es posible al mismo tiempo, mientras mis ojos mediterráneos, quisieran estar volando hacia el mar de Kerala. Siento que tú aún no conoces las palabras sencillas del buen amor. Las acciones y gestos del buen amor, y que este pintor es un Dios que está leyendo mis pensamientos y que me dice: que TODO es el mismo MAR y el mismo AMOR y que así va a dibujarlo sobre su lienzo.

Se hace de noche y ahora veo la luna nueva, sobre unas aguas que ya se han quedado en calma. Como si las olas también necesitasen dormir sus propios sueños y su deseo de buen amor.

Y yo, vuelvo a recordar que todo es un mismo mar. Que así lo dijo el Dios-pintor antes de marcharse y yo podré descansar, ser la mujer de solo mar mientras miro hacia el cielo y veo nacer la luz de Venus.

Cierro los ojos y sueño que soy una estrella y que ya no tengo cuerpo de mujer. Ahora estoy en un cuadro precioso del firmamento, rodeada de gente estrella como yo. Allí vuelvo a encontrarme al Dios pintor, porque él es quien dibuja el firmamento, en el que estamos todos seguimos soñando por encima de una luna pequeña y blanca y de un planeta Verdi Azul que ya nos queda muy lejano.

De repente,  te veo a ti también junto a mí. Allí es muy fácil reconocernos. Nos damos un beso y nos cogemos las manos y empezamos a mirar el mundo que vive bajo nuestros pies, sintiendo que ya no queremos volver porque es muchísimo mejor ser estrellas, que humanos en cuerpos de hombre y de mujer.

Aquí la arena con la que jugamos es el polvo que dejan los cometas al pasar. No hay olas fuertes y bravas, ni virus del Covid 19 sembrando un caos universal y el miedo en la humanidad, que permanece encerrada, cada uno en su propia jaula y sin saber aún demasiado del buen AMAR.

Todo es Luz en este océano-cosmos lleno de púrpuras y azules, de índigos que envuelven suavemente la tez del universo.

No tenemos hambre, ni sed, ni miedo ante nada. Ni tan siquiera tenemos que esforzarnos en viajar para encontrarnos. O aprender el uno el idioma natal del otro, para intentar comprendernos algo mejor porque aquí hay una estrella madre, grande y luminosa que nos enseña todo cuanto necesitamos saber.

A caminar descalzos por la vía láctea, amándonos sin distancias. Y a sentir la música de las estrellas y hacer piruetas de luz, volando hacia Casiopea, escuchando la melodía del silencio detrás de cada cuerpo estelar, como un sutil canto de océanos.

Y nos sentimos luz de estrella, esa que aún no sabíamos muy bien cómo encender en la Tierra.

Gokanrna-Beach, Imagen de la red

Sueño que se hace de día y que ya no deseamos salir del cuadro pintado en el firmamento y que no necesitamos planear ningún viaje para reencontrarnos, porque ya somos reencuentro.

Pero despierto tristemente, emocionada y otra vez sola en mi habitación. Tú ya no estás a mi lado. Hace rato que ha sonado el despertador y si no empiezo a espabilarme,  llegaré tarde al trabajo en el hospital.

Corro volando hacia la ducha, suerte que me quedaba un poco de café de ayer y me lo tomo en un par de sorbos. Te escribo un mensaje, para contarte que estoy bien y que voy tarde, porque el sueño me atrapa una vez más…

Me visto, salgo a la calle, me pongo alas en los pies y empiezo a volar sobre el asfalto.

Uff, casi me olvido de los guantes para entrar en el metro y de la máscara y el cerebro, de la mujer sensata.

uelvo a ser mujer terráquea, o tal vez mujer de aire caída de una estrella y corriendo hacia este día que hoy menos que nunca, me va a gustar vivir sin ti.

Porque aquí, hoy es San Jordi y celebramos el amor, las rosas y la palabra escrita… Y recordamos una leyenda hermosa de nuestra tierra, que habla del valor de un caballero noble y de un temible dragón, que de su sangre nace una bandera, y de una princesa que debía ser rescatada por la nobleza del amor.

Y yo debería estar allí contigo, cerca de Delhi o de Kerala, regalándote un libro bien bonito y diciéndote que aún te amo. O deberías ser tú el que estuviese aquí conmigo, conociendo este tiempo y este mar que no deja de ser el mismo mar eterno.

Pero estamos aún confinados y eso tendrá que esperar…

Como el deseo y el beso y el mar de luz de Kerala,

o el hondo mar Mediterráneo

nos esperarán a ti y a mí y a que todo vuelva a la calma

y nos dejen ser reencuentro

o ser tal vez del mismo sueño y para el mismo mar…

Tal como esta noche me contaba

el Dios-Pintor del Universo

Childhood -L’enfance by Zbigniew Preisner

¡Quédate en casa!_día 36_ corriendo con lobos, cartas a maría

Imagen “golondrinas” de Teresa Salvador, “Fábulas” en Flickr

   Tú lo sabes abuela, yo era pequeña y etérea. Soñaba que volaba. Siempre soñaba que volaba. Hasta despierta, muchísimas veces, sentía que volaba. Y por eso tú me hacías sentir como una “niña de aire”. Porque fui rebelde, cuando la vida no me había enseñado aún a ser rebelde y una gran soñadora. Un alma soñadora y fantasiosa, cuando los sueños aún no habían tenido tiempo para soñarme a mí, a mis mundos y a mi niña de aire creciéndome por dentro.

Yo era sólo una chiquilla, llena de rizos y de pecas. Una niña esponja que se bebía el mundo con sus ganas de vivir y de saber. Entonces tú me decías que era de “carne y de cielo” y a mí me daba la risa y entonces te enfadabas bastante y sostenías muy seria el dedo señalándome, justo ahí en medio del pecho, para decirme que había en mí un cachito de cielo, un cachito de Dios, uno de esos pedacitos que él había repartido por el mundo entre las gentes y que nunca me olvidara de eso.

Por entonces, yo tenía mis alas. Tú me las pintabas cada tarde a la sombra de las parra, junto al olor del romero, debajo de la higuera. Me hiciste ser libertaria en todo lo que hacía y me enseñaste a ver lo que tú llamabas “los estigmas del alma” en las personas.

Y ahora comprendo que eso era ver su luz o su sombra reflejada en el fondo de sus ojos.
Y así fue como aprendí a ver quién era bueno y quién no me gustaba nada, solamente  con mirarlo. Sólo con ser tan valiente como para sostenerles al temple y frente a frente, la mirada.

Era tan niña que no comprendía aún sus “pros” ni sus “contras”. No entendía absolutamente nada de sus interrogantes o espesas palabras. Solamente veía el estigma que llevaban y cerraba los ojos, los oídos y por supuesto los puños, para tomar antes de huir  mis propias fuerzas.

Entonces abría las alas y me iba para no me distraerme de lo verdaderamente importante, que por entonces era: soñar, jugar y aprender a tu lado. Y comer chocolate y almendras garrapiñadas al caer la tarde.

Todo lo demás, quedaba aparte y tú lo sabes abuela. Era un aparte gigantesco, que no me importaba nada, que no afectaba a mi mundo de niña en lo más mínimo. Pero el día que te marchaste y mi realidad tomó un giró y empecé a caer en ese un punto cero sin retorno, sin respuestas, ni esquemas, ni razones y con demasiadas preguntas que ya no tenía a quién hacer.

No pude entender a ese buen Dios tuyo que de tan egoísta que era, te arrancaba de mi lado para llevarte hasta el cielo. Un cielo en el que yo ya jamás podría volver a verte. Pero era libertaría, porque tú me habías enseñado a serlo. A tener voluntad propia y a decidir mi vida. Así que decidí no creer más en tu buen Dios del amor. Iba a ser atea, aunque a ti no te gustara nada y  aunque a él tampoco le gustara. Aunque solamente tuviera 9 años y mi madre me diera un cachete cada vez que le decía que no quería ir a las misas y así rezar junto a ella por tu alma. ¿Alma? ¿Qué alma ni qué carajo? Si tú ya no estabas a mi lado, protestaba llorando de rabia.

Perdóname abuela, tú fuiste la primera muerte de mi infancia y siendo uno niño no está aún  preparado para perderse el privilegio de tener un ángel guardando sus espaldas y sus sueños. Aún así, sabes que traté de seguir soñando, siempre soñando y de recordar en cada duerme vela tus palabras.

Sin darme a penas cuenta, se me cambió aquel cuerpo pequeño de niña y el color de mis mundos detrás de los espejos se llenó de agujeros, por los que de tanto en tanto, se me colaban personas que no me gustaban nada ni por sus ojos, ni por sus formas. Pero eran poderosas y yo de aire y me pesaban, me dominaban y me pesaban intensamente, porque arrastraban consigo tantos pros y tantos contras… Tantas cosas que ya no debían dejar de hacerse o dejarse aparte, porque eran cosas súper importantes del día a día.

Aunque no quedase tiempo para soñar, ni para ser siquiera lo que uno mismo sentía que era.
Y así fue como empecé a hacer las cosas súper importantes que todo el mundo hacía. Porque ya no era una niña, porque ya era una mujer y tenía que ganarme la vida y el pan, pero sobre todo porque había decidido ser atea.

Y no quise darme cuenta de todo lo espantoso que llegaba a ser aquello; que me estaba haciendo un alma demasiado densa, que ponía vendas ciegas sobre mis ojos ciegos, que ya no me revelaba contra nada, ni contra nadie…Que se torcían mis alas y aún teniendo muchas razones para volar, no sabía u olvidaba cómo diablos hacerlo.

Ya nadie me dejaba ser yo misma, porque yo me había hecho un corazón cobarde a la medida perfecta de la moda de los tiempos.

Me levanté una mañana trastornada… Comprendí que aquello si no me movía, si yo no lo movía, si no lanzaba al abismo mis errores, mi arrastre por el mundo de los síes y del conformismo, nada cambiaría jamás en mi vida.

Tocaba ser huracán y ser cómo el huracán o quedarse como brisa suave y permanente enredada cual danza entre las sombras del mismo círculo vicioso. Siempre el mismo círculo amargo de querer y no poder ser lo que yo sentía Ser. Había que salvarse de ser cordero, dejar atrás el pellejo algodonoso y empezar a correr junto a los lobos. Tenía que aullarle a esas noches desgarradas y atreverme al fin a ser yo con todo el peso de mi alma y a beber de la vida con la intensidad necesaria en cada momento.

Decían por entonces de mí, que yo era una mujer intensa. Eso me hacía reír y sentirme orgullosa de mí misma al mismo tiempo. Fue entonces, abuela, cuando me demudé de aquella piel de cordero que ya no sentía mía y empecé a ser loba para correr junto a ellos. Para volver a ser rebelde, una mujer valiente, consecuente  y libre, con una niña de aire volando en sus entrañas. Y entonces abuela, me declaré guerrera. Rebelde, sí, pero una rebelde con causa. Y una guerrera.

Y como loba, me sentí renacer a la vida con mi primer cachorro entre los brazos_ y pensar que ahora ya tiene 22 años. Qué si lo vieras tiene tu mismo brillo en los ojos y tu risa y me hace sentir cómo extraña pensando que has vuelto ahí mismo, camuflada en su piel de niño para alumbrar de nuevo mi camino_ porque ha sido con él abuela, con quien empecé a creer de nuevo en la magia maravillosa que tú me contabas que existía. En la fuerza arrolladora que tiene la vida y en los cachitos de cielo que todos llevamos dentro, que mi hijo lleva dentro y le asoma como un bello estigma por los ojos.

Y sé que debo contarte todo esto, porque nunca es tarde abuela. Nunca es tarde. Y es muy bueno que allí donde estés, ahora sepas que vuelvo a ser rebelde y que vuelvo a ser guerrera. Que estoy corriendo veloz junto a los lobos y ahora sé que ha regresado hasta mi corazón…

Tu buen Dios del amor.

Mi hijo Nil, cuando tenía 7 años
Enigma, Beyond The Invisible

Historias para el despertar

Tomado del muro de Facebook de mi amigo Kokopelli, (Joan Hz)

¿Qué nos están haciendo?

¡Quédate en casa!_día 33_Haikus para un amor, un ángel y un violín

Respira un ángel

La vida nos reencuentra

Crecen las notas

Aire naciendo 

Eco de tus latidos

Sueñan mis dedos

Mi sueño gira

Corazones respiran

Sueños que laten

Tu beso dulce
Soy violín en tu pecho
Tu azul sin nubes 


Y frente al mar

Crepitan los azules

En mis dos alas

Butterfly Lovers Violin Concerto by Akiko Suwanai (part 1) 梁祝 小提琴协奏曲 诹

*Todas las imágenes de este post han sido obtenidas de la red

¡Quédate en casa!_Día 31_uN POEMA… somos luz y Somos 5 elementos

Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi

canción; yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, 

como pompas de jabón. 

Me gusta verlos pintarse de sol y grana, volar 

bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse… 

Nunca perseguí la gloria. 

Caminante, son tus huellas el camino y nada más; 

caminante, no hay camino, se hace camino al andar. 

Antonio Machado
Joan Manel Serrat
Cantares
Abadía de Glastonbury, en Somerset, (Inglaterra)

Agua, cascada, río, mar…¡ OCÉANO!!

Madera, rama, raíz, tronco, árbol… ¡ BOSQUE!!

Tierra, llanura, valle, montaña, cumbre… ¡ HORIZONTE !!

Metal,  cobre, plata, oro, mercurio, fusión… ¡ ALQUIMIA !!

Fuego, ascua, llama, lava, volcán, ceniza, renacimiento…¡ ENERGÍA !!

Los cinco elementos

La tierra que tenemos

El mundo que VIVIMOS y nos VIVE

Entre el Cielo y la Tierra

Las plantas, los árboles, los minerales, los animales,

el Hombre

Y por encima de todo:

El aire, el viento, la luz, el UNIVERSO

La LUNA, la madre, la noche, el sueño, el recogimiento…  

el YIN

El SOL, el padre, el centro, el astro, el día, la luz, el despertar…  

el YANG

La cuerda vital de nuestra VIDA:

La ENERGÍA

Yang es: calor, fuego, movimiento, expansión, masculino

Yin es: frío, agua, quietud, recogimiento, interior, femenino

No hay fuego sin aire que lo encienda,

sin madera que lo prenda

No hay tierra sin agua que la nutra,

sin fuego que viva la sangre

No hay madera sin agua y sin tierra,

sin viento y sin primavera

No hay metal sin madre, sin tierra, sin aire, sin otoño, sin fusión

No hay agua, sin sangre, sin fuego en la cumbre, sin invierno en el sur

No hay hombre:

sin aire

sin tierra

sin agua

sin fuego

sin sol

sin luna

No hay AMOR:

sin intención

sin aire

sin agua

sin llama

sin tierra

sin fusión

El Yang sin el Yin: está en vacío

Se debilita, enferma, muere

El Yin sin Yang: está en vacío

Se debilita, enferma, muere

El ser humano que no ama en esta tierra

Que no llega a entregarse a su dual en la tierra del hombre:

Está en vacío

No vive en la armonía de las leyes naturales…

Se debilita, enferma, duerme en la espera

No crece, no avanza, no se nutre

Llora 

Padece

Bebe del agua del alma

por no morir de sed

Camina triste el mundo

como el niño que se siente perdido

Camina solo y confundido

Somos YIN Somos YANG 

somos LUZ Somos DANZA

Somos LIBERTADES descalzas

Somos VIDA soñada

volcada a la ESPERANZA

de hallar un amor BLANCO

que nos haga ser dioses en el CIELO

y en la TIERRA

Que nos viva sin egos y sin LLANTOS 

Sin miedo y sin hambre en la SANGRE

Desnudos en la DANZA  como vinimos al MUNDO 

DESNUDOS EN LA DANZA

Que danza con la VIDA

SOMOS LUZ
Macaco y la Mari de Chambao

¡Quédate en casa!_Día 3o_ Estoy estudiando el alma de las flores…

Flor del manzano silvestre
Crab apple en el Sistema floral del Dr.Bach

Imagen de Teresa Salvador, Fábulas en Flickr

Estoy estudiando el alma de las flores…

Yo sé, que alguna vez he vivido un amor que no era un buen amor. Que era o parecía un río enardecido. Un amor pequeñito, con un sendero tibio y olor a tallo verde. Y, sin embargo, pequeño como era, llegaba como una inmensa ola arrasadora. Como una bendita primavera que se desborda en la sangre.
Y siempre, casi siempre, era un principio en derroche, en presencia, en detalles…
Después pasaban los días o los meses, y a veces, ese amor pequeñito, sentía volarse libre a otros parajes. Volarse, aún no sé, tal vez presuntuoso, sabiéndose certero de haberlo dado todo.

Volaba y me dejaba sumida en aquel hueco de su ausencia. Mirando hacia mi vértigo o mi miedo, sintiendo mi dolor y mis propias carencias. Recordando entre llantos, su tacto, su enigma, su misterio, sus porqués y por dónde se habrá esfumado en el aire. 

Recuerdo que volaba, ¡Sí! y se llevaba sus alas y alguna que otra pluma de las mías. Después llegaba el ciclo en que todo enmudecía por un tiempo. Y ya no era su voz, ni su brisa temprana blanqueando mis mañanas.

Me he engañado a mí misma, tantas veces con amores finitos y pequeños; con quereres que simplemente eran principio en tallo verde y derroche… Que ahora por fin, ya puedo constatar: que el amor, si es del “bueno” perdura con el tiempo y vive en las estaciones. Que hace falta un verano, un otoño, un invierno… Tal vez, hasta un confinamiento antes de que la impaciencia en la espera quiera hablarte de abril, de lluvias, de loca primavera corriendo por la sangre.
Ahora sé, porque así lo siento: que el amor que es Amor no requiere de esfuerzo. Que es inmenso en sí mismo y atraviesa los tiempos, las millas, los miedos, los silencios y hasta los continentes. Que vive en el presente y el ahora. No busca firmemente una certeza, no necesita una prueba o una señal de amor. Está vivo en el gesto, en la voz, en las pupilas. No se oculta, no calla, ni tan siquiera perece, cuando algo le asusta. Simplemente respira y florece y te ayuda a florecer en ti y en él. Se sabe llama viva y te mantiene vivo entre sus propias ascuas, porque del fuego vino y fuego siempre será.

He aprendido a sentirlo así mismo; como un amor a mi Aire de Fuego, Tierra y Agua. Como esa Madre Gaia real y tan fructífera que cada día que pasa, te nutre más y más. Como una noble madera del roble al que me abrazo, o como el metal precioso que siempre supe, que no puede oxidarse a la intemperie. Así lo siento, así es, así sea y será…Y ¿Sabes por qué?

Porque ese Fuego, esa Agua, esa Tierra o Madera y hasta ese Metal, simplemente SOY YO y ERES TÚ.

Yo, en mi mujer completa y elemental. Yo, en mi mujer chamana que despierta a la vida, más viva, en este encierro. Yo, cuando al fin puedo ver que ya NADA me falta porque lo tengo TODO. Que me Tengo y me Soy y me he estado intentando, cada uno de los días de este confinamiento: un verbo fiel y perenne a lo que mi sueño ama. Por eso, justa ahora, he vuelto a estudiar el alma de las flores… Para beber de su esencia más pura, cual medicina sagrada que sana al propio corazón de sus temores.

¡Libre, mi corazón de selva! Eternamente verde y libre de aquel viejo patrón del miedo y la carencia.

Han vuelto a venir a mi memoria las frases de mi hermosa madre-abuela María: “Si algo no es para ti, déjalo volar. Y al amor pequeñito ¡Déjalo que se vaya, niña mía!”

Eso repito y reafirmo, leyéndome despacio en el alma de las flores. Y lo he hecho, solamente, por un amor sencillo hacia mí misma. Porque a través de las flores he estado aprehendido a deshojarme. A sanarme, a habitarme, a vivir en el agua, en la calma, en la noble esperanza de un presente mejor.
Y cuando por fin llegue mañana el final de este encierro, cuando salga a la calle y el silencio del aire aún se palpe, sabré: que todo valió la pena. Que esto ha sido un regalo del cielo para mí y que el alma de las flores me trajo al corazón el mantra y la canción de amor para una nueva vida perenne en el AHORA.

Y entonces sentiré que el miedo es solo blanco, igual que las primeras nieves. Tan blanco y tan blandito que ya podré tocarlo, mirarlo muy valiente a los ojos con toda la certeza de este mundo y descalza, muy descalza de armas y batallas. Seré capaz de abrazarlo y de fundirme con él, sanando en mí la herida que lo trajo a mis días.

Y sabes por qué…

Porque en el amor a mí misma que he estado trabajando y bebiendo en este encierro, he estado poseyendo:

El cofre del tesoro entre mis manos.

Lotus-Loto
del sistema Flores de California
Imagen de la red
Diosa Lakshmi
Imagen de mi amigo Sandeep Sharma

Quédate en casa_Día_27_ un cuento-Poema

El hombre del Sol

¿Lo ves?

Vuelve a cambiar la estación

Y mi voz;

destila las notas de un No tiempo

en que la tierra, vuelve a estar preparada para recibir el agua

y también la sed de mi nostalgia

Y yo camino por ella,  buscando cualquier recuerdo

 que me lleve otra vez hacia aquel sueño

donde no tenga que sentir, que pienso en ti a cada momento

Y me mire las manos vacías y me mire la frente, al espejo

y aún lo vea allí prendido

a aquel Sol que tú me enseñaste

cómo ponerme por dentro.

Pero a ti ya no encontrarte, porque cada vez

que te he buscado

te has ido yendo más y más lejos.

Y ahora vuelvo a estar descalza y sin paz en el alma

Y sé que vuelvo a tener la edad misma que el mundo

Que de tanto rodar y volar por él

también tengo, como tú:

la fe dormida o cansada.

Y un día, caminaba al amanecer

por la arena de aquella playa y te vi allí sentado

mirando absorto al Sol…

Y tú, tal vez no lo recuerdas, pero me dijiste:

“A él le gusta que lo miren, ¿Sabes?

Que el hombre goce

de llevarlo dentro mismo de su cuerpo

y yo lo he hecho y quiero

 que tú también lo hagas, niña mía.

Porque ahora, ya sé con certeza

que el Sol debe llevarse dentro de nuestra sangre

y así la sangre sea el fuego

que nos rebose en los poemas

que aún tendremos que escribirnos,

cada vez que no estemos, así, tan cerca el uno del otro.

Y si tú sientes que el Sol se encuentra a gusto en ti, amor,

no permitas nunca que se vaya

porque hay muchos hombres y mujeres que lo pierden

y van muriendo un poco, cada día,

sin darse apenas cuenta.

Tú, llévalo siempre en el corazón y tras tu frente

Y así, cuando yo esté perdido y no me encuentre

podré volver a encontrarme y a encontrarte.

Yo también lo dejaré por siempre dentro de mi corazón y en mi frente

para que así; cuando seas tú la que esté perdida y tengas miedo

sepas que mi Sol estará por siempre esperándote

para fundirse con el fuego y la luz del tuyo”

Aquel día, antes de que llegase el momento,

en que nos separásemos de nuevo durante muchísimo tiempo

El hombre del Sol, me había besado apasionadamente en los labios

y yo,  ya nunca pude olvidarme de aquel beso

ni del placer infinito de nuestros Soles desnudos

Amándose.

Y he escrito mucho, ¡Lo juro!

Que he escrito mucho, desde entonces.

Y ahora que desde el sueño me llega otra vez el recuerdo,

Siento: que se me ha quedado dormido el Sol

por dentro y también, un poco, la esperanza.

Y ya no estoy bastante segura,

de que me quede suficiente fuego en la sangre

para seguir dejándome la voz y el corazón,

en las palabras.

Mientras te sigo buscando descalza, a ti, hombre del Sol

Aquí, perdida en el mundo

Imagen tomada después del Sungazing,
desde la terraza de mi edificio en Horta-Guinardó


Zbigniew Preisner soundtrack – Dekalog V / Kieslowski Krzysztof

¡Quédate en casa!_día 23_Cuento neo a-romántico

Flor de Nottingham con abeja

En primavera …

Wendy solo quiere ser maga. Gardenia en flor bajo las nubes, polvo de hadas y risas de aire, volando entre Peter y las luces del nuevo horizonte que muy pronto se levantará frente a sus alas. Ya no quiere coserle más la sombra en la espalda, ni oír hablar de “Nunca Más” y mucho menos, del maléfico capitán Garfio.

Gardenia en flor

¡La cuentacuentos es ella, no él! ¡La maga, es ella y no él! Y está dispuesta a borrarle de un plumazo, como no se calle y se quede quietecito de una vez.

Peter, compungido, se cose la sombra y la boca él solito, a espaldas de la aurora. No quiere volver a defraudarla con falsos tesoros, o con promesas hechas de niebla, o con lo que fueran solamente alas de mimbre para Wendy…

Desde las flores; Campanilla aplaude su acierto con la esperanza incierta, de que la primavera los sostenga en el mismo sueño-cuento. Sin rombos y siempre apto para mujeres-niña- cuentacuentos y hombres-niño-duendes, que sepan aún vivir en un mundo real y lleno de esperanza.

Al amanecer: el rojo.

Siempre el mismo rojo instante, de un nuevo Sol naciente dando color al destino de un cuento diferente. Porque la primavera ya ha estallado fuera, mientras Wendy y Peter están cada uno en su casa, exactamente como nosotros.

Por la ventana, la vida se abre camino. Brillando mágicamente un equinoccio agradecido que, tras eones infinitos de tiempo, empezó sin nosotros.

Wendy, cumpliendo con su noble oficio, está escribiendo muchísimo y se siente bastante feliz en este encierro, a pesar de que en su quietud, no deja de preguntarse: si Peter sabrá cómo reinventarse… Y estar quieto y calladito, dejando allí fuera el país de Nunca Jamás, a los niños perdidos y al Capitán Garfio. Se pregunta, si Peter encontrará las fuerzas para volar hacia dentro sombrita y boca cosida. Siendo simple silencio y reencuentro consigo mismo. Espejo donde Wendy podrá contemplarse, cuando abran las puertas de las casas y ambos vuelvan a ser:

la nueva y floreciente primavera…

¡Qué nos estará esperando a todos!

Flores en Nottingham

Versión en catalán

A la primavera …

La Wendy només vol ser maga. Gardènia en flor sota els núvols, pols de fades i rialles d’aire, volant entre en Peter i els llums del nou horitzó que molt aviat s’aixecarà davant les seves ales. Ja no vol cosir-li més l’ombra a l’esquena, ni sentir parlar de “Mai Més” i molt menys, del malèfic capità Garfi.

La conta contes és ella, no ell! La maga, és ella i no ell! I està disposada a esborrar-lo d’un cop de ploma, com no es quedi ben quietet i es calli d’una vegada.

En Peter, compungit, es cus l’ombra i la boca ell solet a esquenes de l’aurora. No vol tornar a defraudar-la amb falsos tresors, o amb promeses fetes de boira, o amb el que fossin només ales de vímet per la Wendy .

Des de les flors…

Campaneta aplaudeix el seu encert amb l’esperança incerta; que la primavera els sostingui en el mateix somni-conte sense rombes i sempre apte per a dones-nena- conta contes i homes-nen-follets, que sàpiguen encara viure en un món real i ple d’esperança.

A l’alba: el vermell. Sempre el mateix vermell instant d’un nou Sol naixent, donant color al destí d’un conte diferent. Perquè la primavera ja ha esclatat fora, mentre la Wendy i en Peter estan cadascú a casa, exactament com nosaltres.

Per la finestra, la vida s’obre camí. Brillant màgicament un equinocci agraït que,després d’eons infinits de temps, va començar sense nosaltres.

La Wendy, complint amb el seu noble ofici, està escrivint moltíssim i es sent prou feliç en aquest confinament, tot i que, en la seva quietud no deixa de preguntar-se: si en Peter sabrà com reinventar-se. Romandre quietíssim i calladet, deixant allà fora el país de Mai Més, als nens perduts i al Capità Garfi. Si en Peter trobarà les forces per volar cap a dins seu, ombreta i boca cosida, essent només silenci i retrobament amb ell mateix. Mirall en què la Wendy podrà contemplar-se quan obrin les portes de les cases i tots dos puguin tornar a ser:

la nova i florent primavera…

 Que ja ens estarà esperant a tots!

Imagen “Monet” de Teresa Salvador, “Fábulas” en Flickr

¡Quédate en casa! _Día 22_ Un poema sanador para mujeres arcoíris

yo Sabana, poemas sanadores para mujeres arcoíris

Yo, Sabana. Poema recitado

Tú, buscadora: lo sentías…

Indian woman, Imagen de Pintarest

Ahora ya no eras la gata de la lluvia maullando en piel ajena soledades

¡Ya no eras! 

Ahora dilataba tus pupilas el alma de la luna danzándole a tus ciclos: el amor hacia ti misma y la ternura.

Y yo, mujer hermana, tan solo te contaba mi vivencia. Mi pequeña palabra o verdad. Mi forma personal de sanarme a mí misma, para mí y para el mundo, por si a ti, también te servía.
Yo solo te contaba, que ahora no dormía mi memoria en sueños frágiles de aire. 

Que ya cesaba el llanto de mis ojos y giraba veloz sobre mis propios pasos, si es que regresaba: caminante él a mi camino y volvía a recordarme, de qué hoguera y de qué selva habíamos nacido los dos. Y entonces yo mudaba, leona, a mi pelaje. Alborotaba al viento la melena ¡Y rugía! Rugía de verdad, voceando frente al mar:

¡Qué yo ya no llevaba el peso de la lluvia o de la culpa en las entrañas de la primera Eva!
Porque ahora era auténtica. Era, mujer universal.
Ya no tenía que maullar en piel de Adán o Adanes. No volvería a ser la flor trémula del aire prendiéndome en el pecho, versos con pétalos mojados en lágrimas, para un amor de nadie, para un amor fugaz solo de aire…

Yo ya empezaba, a ser: Luz y Sabana
El alma de la selva, del agua y del volcán.
Y era mi vida todo eso: la luz de aquella estrella, mi espíritu salvaje, mi sangre y mi linaje. Todo eso era.

Y sí, también era mi corazón desprendido, en otros tiempos, volviendo a ser prendido a la vida y a la rama.
Mi corazón desprendido, asido firmemente a la rama de la selva y mi vientre de la selva. Mis ojos, de la tierra del hombre verdadero. 

Mis ojos: sus espejos. Y sus ojos: mis espejos.

Yo era mi Dios y mi Diosa en el camino, hacia un dulce equilibrio.  Sabía bien mi destino porque ya, había aprendido a intuir…
Fluía con la vida, olía el viento acre y el beso del almizcle y volvía a reinventar: mi calma o mi ternura. Mi grito contra el viento de la nada, mi auténtica victoria sobre el ego vencido.

Yo era mujer de un solo eje, montaña o cordillera ¿Sabes?
Era mamífera intuitiva y audaz. Humana, parida del cielo de lo humano. Hija del sol y la luna, del único latido de la vida y la jungla.

¿Y sabes, hermana? Ya no fui más felina, maullando a gatos pardos que no sabían aun si eran amigos del diablo o habían perdido el corazón y cuatro o siete vidas sin un amor verdadero.  Solo podía reconocerme: en otra piel como la mía, en otra selva como la mía, en otro corazón sin rejas, sin escarcha, sin torres, sin domar. 

Porque ahora solo era, mírame: “La divina”.
Aquella de la que el hombre del miedo siempre por siempre huiría, por mi bien, cada vez que intuyera que yo empezaba a ser la mejor versión de mí misma, cuando él, aun no estaba listo para serlo.
La mejor versión de mí misma, parida por mí misma para la Tierra. Ya no quedaba guerra ni guerrera. Mi tierra era tan solo la sabana, que abría y entregaba un ser puro de fuego, o el beso en la horma de otro pecho rugiendo sangre viva y auroras frente al alba, como yo.

Esa era ahora ¡mi Sabana extendida! Mi amor para mí misma, hoy, ya, por siempre, era. Principio y primavera, el cauce universal de Dios y lo divino. Sagrado femenino para el mundo. La auténtica mujer que, como tú, hoy despierta.

Hermana, esta es mi palabra. Mi pequeña historia para ti y para mí.

Yo: la maga, la enlazadora de mundos, caminante del cielo y de la tierra, como tú.

Te entrego mi decreto con todo el amor del corazón. 

Xaman woman, Imagen de Pintarest


Yo, la Dakini                                    
Yo, la Chamana  Yo, de la Selva
Yo, de la Luz
Yo, como tú, mi Hermana
Mi dulce Espejo
Azul
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Zbigniew Preisner to know