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Los mapas

Recompongo los mapas que me nombran. Hablan de mí y a tientas me recorro.

Mirad, este territorio. Estos pedacitos de tierra he sido.

Las huellas que atesoraron en mi cuerpo un palmo a palmo.

Un compendio de historias conjugando mi memoria de haberes y riesgos.

Imaginar…

Presunto estado del bienestar

Me pregunto en qué telediario denunciarán sus hechos. Cuándo la caja boba nos dirá: “son estos”…. Los más pulcros verdugos, los que juegan a dioses. Los dueños del veneno que corre por la tierra. El que está coronando los pueblos y los días. El que solamente existe para elevar a sueño lo imprescindible…

“Tener un puesto en el mundo. Un salario digno. Un estado del bienestar cuidando de ti y de los tuyos. Enseñándoles a crecer y abastecerse. A ser un día hombres libres…”

Como una religión…

Si pusiera alguna regla, ante este riesgo de amor que nos ronda sería: “guerras cero”. No anhelo conquistar ninguna patria, ni vine a liderar batalla alguna o a cuestionar la libertad y el color de la verdad, en boca de nadie.

Si pidiese un territorio donde vivir este amor, aún consciente, de que ésto que voy a decirte, tal vez, te parezca completamente precipitado y cursi… Sería: una morada con puertas a tu alma. Que antes de mezclarnos en los músculos del órgano que propulsa a ríos nuestra sangre; que antes, incluso, de rozarnos, desnudarnos, desbordarnos o desear encontrarnos a nosotros mismos sobre la piel del otro. Te pases, sin juzgarme por mi rasa frontera de los días. Que te pongas descalzo y si quieres, cruces la aduana de mi tristeza que aún no supo encontrar la respuesta exacta, a cada gesta, en que el amor que ofrecí se fracturó en la vida.

“Testamento”

Ahora que el silencio es un cuerpo de versos que alumbran la mañana. Que mi esperanza es luz y mi voz la trinchera.

Que me conozco, me derrocho y me conduzco, sin faros antiniebla y me pronuncio en ella: en la mujer que gobierna mi piel y mis fronteras. Y tan sencillo es…

Ahora, que al fin escribo:

Que mi piel no es territorio, sino lenguaje. Que mi horma y mi norma, son el viento y el aire, que mi ciudad es de Nadie y mi pueblo, mi Sur.

Ahora que al fin aprendo a vivir con lo puesto, asumo y reconozco: que la tristeza no es manta, ni borla y la reforma es un cauce, no un hogar todavía.

“Nosotros somos del tiempo en que nos dieron los sueños…”

Lo recuerdo en la belleza de sus sueños…

Que ganaran los del pueblo y le devolvieran a Juan, su Juan. Su hermano arrebatado por un furgón de medianoche mientras él estaba lejos, ganándose el jornal, cuando la noche más negra del 36 llamaron a la puerta de su casa preguntando por José Romero y su madre dijo que no estaba y entonces se llevaron a Juan.

Lo recuerdo contándome sus batallas cuando yo era una niña. Me narraba la historia de los hombres valientes de su generación. Los hombres y mujeres con nombre y dos apellidos, porque él los recordaba todos. Bendita su memoria y su boca pidiendo a gritos que la libertad no fuera roja como la sangre derramada de los inocentes. Pidiendo que la libertad pudiese un día ser blanca, como la piel de su amada, o azul como el océano que nunca pudo ver de niño.

Una llamada

Hay labios que callan millones de puedos

Cometas que vuelan en sueños hambrientos

Montones de manos ausentes de gesto

Hay palabras que mienten en labios de incendio

Y todas las noches regresan los versos

poemas escritos en horas sin tiempo

Cupidos que lanzan al alma del verso…

“Me llaman tantas cosas…”

Sobre piel de papel hoy escribo mis nombres de mujer:

Me llamo rebelde y tengo cien causas.

Me llamo arrecife, me llamo colina, me llamo palabra. Me llamo genética pura, me llamo dilema, me llamo vivencia, me llaman poema.

Me llamo camino y aquí tengo el norte. Me llamo frontera y te abro mis cofres.

Me llaman la Eva. Me llamo tu hermana, me llamo la madre, me llamo la entraña, me llamo la tierra, me llamo planeta.

Me llamo esperanza, canción libertaria, cometa en el viento, abalorio de gestos, motivos, instantes, sentimientos en alza.

Me llamo la niña, la sabia, la danza, la dádiva. Me llamo la lluvia, me llamo la lágrima.

Somos, literatura cero…

A punto de licuar el calendario, haces balance de cuentas y regresa de nuevo la misma eterna canción… Amor, conato, principio de acción o fuego… Soledad. Llevas en las venas, la sed de un hombre en guerra. La infancia, de un millón de lágrimas. Otras te dirían: “Llevas, la tez de un hombre triste” y te dibujarían sonrisas y después, cerrarían los ojos para darte un beso. Pero yo ya solo miro debajo de los rostros y si alguna vez nos diésemos un beso, abriría lentamente los párpados porque querría saber si tú, alguna vez, te ofreces al amor con los ojos abiertos.