El hombre del sol, poema-leyenda

¿Lo ves? Otra vez es otoño y la tierra, vuelve a estar húmeda y preparada

para recibir las hojas secas y los caminos de la nostalgia.

Y yo camino por ellos,  buscando brújulas que me lleven hacia  un tiempo

donde pueda sentir que sigues vivo en mi sueño

Y mirarme las manos vacías y mirarme al espejo la frente

y verlo allí, aún prendido

a aquel Sol, que tú me enseñaste a llevar siempre por dentro.

Pero a ti perderte en el recuerdo, porque cada vez que me he acercado

has corrido más y más lejos.

Vuelvo a tener la misma edad que el mundo y de tanto rodar y volar por él

tengo también como tú, tristes las alas.

Un día, caminaba por la arena de aquella playa y te vi absorto, mirando hacia el sol. Tal vez no lo recuerdes, pero me dijiste:

«A él le gusta que lo miren, que el hombre goce de llevarlo dentro mismo de su cuerpo. Yo lo he hecho, y deseo, que tú también lo hagas niña mía, porque sé que el Sol debe llevarse por dentro.

Dentro de nuestra sangre y así sea el fuego que rebose en los poemas, que aún sientas escribirme, cuando estemos lejos.Y si sientes que el Sol se encuentra tan a gusto dentro de ti, amor, no permitas nunca que se vaya. Porque hay muchos hombres que lo pierden y van muriendo, sin saberlo, un poco cada día…

Llévalo siempre en el corazón y tras tu frente y así cuando yo esté perdido y no me encuentre, pueda volver a encontrarte y a encontrarme. Y Yo, también lo llevaré dentro de mi corazón y en mi frente, para que cuando seas tú la que esté perdida y sientas temor, sepas que mi Sol estará siempre esperándote para fundirse con la luz del tuyo»

Aquel día, mucho antes de que llegasen los tiempos en que nos silenciásemos, el hombre del Sol me había besado apasionadamente en los labios, frente al océano. Y yo, ya nunca pude olvidarme de aquel beso, ni del placer infinito de nuestros soles desnudos, amándose.

He sido guardiana del fuego,

todo este tiempo…

He escrito muchos versos, desde entonces…

¡Lo juro!

Y ahora que vuelve a ser otoño, siento que se me ha quedado dormido el Sol y la esperanza y ya no estoy segura de tener suficiente fuego en la sangre, como para seguir dejándome el corazón en las palabras, mientras sigo viajando sin rumbo

buscándole por el mundo.

<p class="has-text-align-center" style="font-size:14px" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80"><em>Image del website de Gnosis de <em><a href="https://www.jesusagrario.com/&quot; target="_blank" rel="noreferrer noopener">Samael Aun Weor</a></em></em>Image del website de Gnosis de Samael Aun Weor

Como todo alguna vez se me ha hecho sueño…


Como todo alguna vez se me ha hecho sueño, hoy te digo, que esto nuestro no.
Esto nuestro, no es solo un sueño. Ni siquiera es simplemente un cuento de amor. Es una voz. Una voz que está viva y ardiente. Que sigue dentro de mí, que me habla con tu acento y que me dice:

—Estoy aquí, ¡Tómame! Soy yo…

Y te tomo y ya puedo empezar a dormirme serena, mientras tu voz, se acerca o se aleja, o se me pierde en el aire, y ya en mi sueño más profundo, empieza mi viaje a otro lugar…

Allí donde veo esas cosas que después no sé cómo explicar. Que no sé ni siquiera que nombre ponerles, así como tú una vez me contaste, que a ti también te sucedía y me dijiste; que cuando me pasara eso me mirara las manos, porque de ese modo podría saber si todo era auténtico, si estaba en ese mundo de verdad o solo era un invento de mi mente, o de mi sueño.

Entonces, cuando estoy allí miro mis manos. Las veo blancas, sin líneas en las palmas y eso me asusta demasiado y quiero regresar. Miro mis pies y van descalzos por el aire, miro mis brazos, mi piel sin vello, sin lunares, mi cuerpo desnudo… Nada me cubre, soy ligera, no tengo nombre y soy mi nombre de mujer.

No soy de ningún tiempo concreto y soy real, y todo es una senda por la que danzo, sin saber jamás hacia qué lugar viajo.
Veo colores que aquí no existen. Me inundo de un amor que aquí no vive. Lloro de amor por nosotros, pero sin lágrimas. Y al fin lo logro, me despierto. Me caigo de ese cielo, como quien cae en picado desde una cima, hasta lo más hondo de un valle. Y estoy de nuevo, simplemente aquí. Otra vez temblando. Abro los ojos, me levanto. Deambulo a oscuras por la casa, trato de hallar tu voz de nuevo en el silencio y si no la siento, te llamo, y surges a mi encuentro. Te cuelas por mi aliento, regresas a mí. Me cuentas que ese sueño, soy yo. Esa mujer sin tiempo 
y, sin embargo, con tanta senda pendiente.

Y ya no puedo, dejar de pensar en ello. ¡No puedo! Volver a dormirme porque necesito comprenderlo todo. Me siento en mi escritorio, te escribo tal como lo estoy viviendo. Pienso: a quién si no es a ti, puedo contarle todo esto.
Porque ya nadie me comprende, ya nadie quiere creerme cuando les digo,  que tú no eres un sueño. Que existes y vendrás, porque estás en mí desde siempre. Y ahora más que nunca, vuelves a ser la voz que me acompaña.
 
Y ya no quiero, que digan mis amigos; que duermo poco y sueño demasiado despierta. Y que parece mentira, que siga siendo tan optimista. Que nunca te olvide, ni te desquiera. Que siga con mi humor alegre, aunque alguna vez bostece. Porque me tienen harta, de escuchar continuamente la misma retahíla.

Y es que amor, yo no quiero ser esa mujer de senda eterna. No quiero, que se me duerma esta vida, mientras ella vuela o me sueña. Yo no quiero, que se me duerma tu voz en esos silencios tan largos, donde la noche nos separa y viajo a ese lugar.
Por eso escribo tanto, y duermo solamente las horas necesarias. Para que descanse mi cuerpo y no se duerma mi vida. Porque ya dormí mucho de niña, y sé que volveré a hacerlo cuando estés aquí conmigo.
 
Como la primera vez en New York city, que llegábamos casi siempre tarde a los museos, de tan profundo que nos dormíamos, después de hacer el amor, otra vez, de madrugada.  
Como la primera vez de dejar que sí, que la vida nos soñara hasta las tantas por habernos rendido ya a todo, al amarnos de aquella manera. Y con el cuerpo cansado, solo dormíamos descanso sin volar a mundos raros, porque ese amor nuestro, nos amarraba con más fuerza que nada a la tierra y nos hacía olvidar, cualquier otro mundo de alma de aire.
 
Y luego frente al museo, ¿lo recuerdas? Nos hacíamos esas fotos, con pose de «chulitos» delante de la puerta, para que quedase constancia, de que habíamos estado allí, de que al menos, habíamos llegado hasta la puerta.
Para que mis amigos y los tuyos, siempre nos creyeran y supieran que todo entre nosotros era verdad. Para que ni tú ni yo olvidásemos, que todo sigue siempre siendo real. Que nuestras voces internas, están vivas. Nos son fieles, amantes, amigas. Nos acompañan. Nos entregan, aún, cuando estamos así de lejos toda la fuerza. Y solamente la noche y ese mundo paralelo nos desune, cuando mis manos o las tuyas son blancas y sin rallas.

Y yo, lloró de amor y tú, lloras mis lágrimas.
Y vuelvo a ser esa mujer de aire, que solo quiere despertar estar aquí en la tierra. Estar en ti sin senda, para que tú me sientas cerca y el camino sea, andar contigo.

Para que yo te sienta cerca y el camino sea: cualquier lugar del mundo, 

                                                    al que lleguemos juntos.

Mayde Molina
Relatos «mujerdeire»
 

Escribir del amor, bajo el signo de leo_3

Luna y Venus, amanecer en Puigsagordi

¿Sabes lo que deseo? 

Salirme de este sueño. Volarme de estos versos y que tú, no solamente me sueñes. 
Que no me pienses cuando duermes y quieras invocarme, desnuda entre tus brazos. Y que así, me vivas en tu sueño y creas, que ahí me tienes. No.
No dibujes con tus manos en la noche mi talle. No me exilies a tus besos sin carne. No me llames con lenguaje secreto y volátil. 
¡No me estalles, volcán de aire, en medio de la nada! 
¡No te vayas sin mí, ni de mí!
No me duermas, sin ti. No me dances, nocturno y sin baile. No me sientas, en una piel del aire. 
No me prohíbas, cuando levante la mañana y el mundo me prohíba. 
No te rindas, ni te escribas en el tiempo sin mí. No te fugues, a ningún lugar concreto sin mí. No me escondas de día, no me calles de día, no me mueras de día, no te olvides de mí. 
¡No me falles! No me sueñes solamente… Solo, tenme. Solo, víveme. Solo, siénteme.
Porque yo, no solo te vivo cuando duermo. No solo te pienso y te beso, porque te alcanzo en mi sueño. No solo te pido en mi deseo y te desnudo sin tiempo y te llevo, como se lleva a un sueño vivo y ardiente. Yo te siento. 

Tenso las cuerdas del tiempo y si están flojas, me mido en la distancia que falta hasta tu boca. Y cuando caigo en picado desde el aire, tú eres la voz que me levanta. Tú, eres la llama. Y si tú no me hablas: cierro los ojos y me apago lentamente, me duermo en este sueño que se me ha hecho realidad. Y cuando me desvelo; me exilio al clamor de tu silencio, te miro con mis ojos de fuego. Te pido, rubor a mis mejillas y a toda fantasía: amor puro te bebo.

Y entonces, puedo sentirte en mi verbo: te huelo, te respiro, te palpo. Renazco de tus labios y solo somos verso, viento, lava. Beso en la piel de la mañana y realidad.

Y no es que solamente sea eso, no. No es que yo tema, o te prohíba al despertar y entonces tú, te vueles con mi sueño tras el sol.
No es que yo pida, amor, que acabe pronto el día y llegue una vez más la noche a pronunciarte…

No es que te viva al despertar y te retenga en mi prisa, o te esconda debajo de mi piel, de mi sonrisa y te lleve por el mundo y sepa simplemente que un día: has de ser. Es que has de ser…

Porque está escrito en el libro de la vida.
Porque lo he escrito yo, a golpe de deseo y de sueño de tu amor.
Porque este sueño, en mí está despierto…
Mientras que tú, te vuelas hacia el sol cuando levanta otra mañana y allí ya solamente me contemplas. Templas mi piel, me miras, me das vida, pero también me lastimas…

Porque me sueñas y me vives y me olvidas.

Así que no me sueñes…

Solo, tenme. Solo, siénteme. Solo, quiéreme.

Aquello no era amor

Vincent Van Gogh
Vincent Van Gogh
“Paisaje con pareja que pasea”

Ahora ella llevaba un marcapasos y él tenía una ciruelita creciéndole en la próstata. Los mirabas y podías convencerte en dos instantes: eso era lo grande y eso era el amor. La carita de mamá cansada, pero siempre agradecida de poder seguir acompañándolo un día más. Y su mano posada sobre aquel aparatito oculto bajo su pecho, amo de un tic-tac acelerado cuando a él lo llamaban a la sala de tratamientos. Entonces ella abría su libro, trataba vanamente de leer alguna línea y se llenaba mansa de lágrimas. Cuando él salía, se besaban, volvían a cogerse de la mano, partían nuevamente hacia el tumulto de la calle, cogían el autobús y llegaban a casa.

La casa, el hogar siempre limpio. Un lienzo del océano luciendo en el lugar más visible del salón, dos butaquitas en la salita y un televisor para la hora boba de la siesta y el calor de los años. Eso era el amor. 

Pero nosotros no.

Nosotros, no nos amamos. Tú lo definiste muy bien: fuimos viajeros del tiempo. Una fugaz reconexión. Cobardes como los frágiles. Tan locos. Tan animales. Corazones errantes, que dirían. Insensatos, sigo pensando yo.

Hacíamos el amor y aquello era saltar del Himalaya. Colisionar en cada poro de la piel batallas. Alma, corazón, entraña, rendición.

No, aquello no era amor.

Aquello era la vida.

Aquello era el Big-bang, viajero.

Nadie nos borra los poemas

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Ahora sólo intuyes que la caída es libre. La distancia es un arma de doble filo. Si se te acerca disparas y si se aleja, ya no elegirías ser tú el muerto. Entonces la soledad de los huesos cobra un sentido. Que nadie rompa este insomnio. La esfera de la noche en llamas. Que nadie venga a preguntar por qué no ha sido.

Le amaba por conjugar la locura. Volaba y cruzaba el charco. Océano manso. Un hogar en un cuerpo de lobo. Su irrealidad este pozo. Díganle, por favor, que nunca le he pertenecido. Este lenguaje es mi casa. Aquí no me arrepiento de nada. Hablo de transparencia, de haber salido de la jaula. De estar soñando que vivo. Que ahora ya conozco la osadía. La niña de trapo. Que yo misma nos salvo. Reconozco mi nombre, Venus al norte, a mi gatita dormida sobre el escritorio. Este lenguaje es nuestra casa. Nosotras tenemos garras. Ahora, vivimos en la noche sanas y salvas de los depredadores.

Nadie nos borra los poemas.  

Como una religión…

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Si tuviese que poner alguna regla, ante este riesgo de amor que nos ronda sería:

“guerras cero”

No anhelo conquistar ninguna patria, ni vine a liderar batallas o cuestionar la libertad de nadie.

Si pidiese un territorio donde vivir este amor, aún consciente, de que ésto que voy a decirte puede parecerte precipitado o cursi…

Sería: una morada con puertas a tu alma. Que antes de mezclarnos, antes,  incluso,  de rozarnos, desnudarnos, desbordarnos o desear encontrarnos a nosotros mismos sobre la piel del otro. Te pases, sin  juzgarme por mi rasa frontera de los días. Y si quieres; cruces la aduana de mi pena que no sabe encontrar la respuesta, a cada gesta, en que el amor que ofrecí se fracturó en la vida.

Deseo que comprendas, que si supiese cómo definir la poesía ayer hubiese sido: cualquiera de mis coágulos, mis charcos de barro y lágrimas.

 Hubiese sido mi poema, la brecha y la resiliencia del “género mujer” sobre este cuerpo, que se sigue arriesgando a arropar mi espíritu.

Y hubiese sido poesía, no para mí,  para otros, el abismo escrito sobre aquel huracán que ya ni quiero mencionar.

Pero  hoy,  solo deseo que comprendas que poesía: es el canto del fuego que he visto bailando en tus ojos. O tus manos repletas de pasión, en todo eso que haces mejor que nadie. Decirte, que veo poesía en el perfil de la niñez que te asiste y alguna vez tambalea sobre el hueso a tu hombre. Poesía, en tu causa de lobo, tratando de salvarte, como yo, de este jodido y absurdo pretérito de mundo a punto de extinción.

Si pudiera contemplar a solas, sin poesía: la jungla de tu corazón. Verde, poroso, principiante o copioso de lluvia como el mío y tú, supieses el vértigo que sufro, cada vez que me acerco a un precipicio y siento que quiere devorarme la ley de la gravedad…

Insisto, por mucho que pueda llegar a parecerte aún innecesario o cursi, que hoy; un día como otro, para intentar  que el amor sea mucho más que mi primera regla “guerras cero”  Deseo que si llega; si sucede que viene y se esboza en nosotros, con su peso y su fuerza sobre el peso infinito de la tierra. Si se queda, a pesar de todos mis desperfectos, mis fracturas, de los tuyos y las tuyas, insisto: por mucho que puedas pensar que estoy exagerando.

Ese amor sería como un árbol asido a nuestro tiempo. Y nosotros, el género mestizo viviendo lo hermoso de lo humano sobre sus raíces. Y entonces, serían mis manos, tus ramas, nuestras llamas, nuestros besos:  como una religión desnuda para  ateos.

Día 9, December. “Un fueguecito en la palabra”

"Luces de Navidad", Diciembre 2014
“Luces de Navidad”, Diciembre 2014

Hace un frío inmenso y no puedo recordar si alguna vez mi voz dijo:   “te amo”…   Si alguna vez mi amor, contuvo un ángel dentro y siendo ángel voló y yo quedé vacía y ausente en este frío.

Es diciembre y el frío ha llegado a mi ciudad para que mi piel no finja que, bajo ella, gobierna aún la nieve y que estas palabras que escribo, desde el más crudo invierno,  apenas pueden ser mi candela. Un intento de fogata que deseo prender para que mi corazón se eleve otra vez a 37º.

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Día 8, December. “Y entonces fue, la poesía”

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Imagen: “Tiempo de golondrinas” de Teresa Salvador, “Fábulas” en Flickr

si tú no estás

golondrinas azules

buscan tus versos

Día 8, December. “Y entonces fue, la poesía”

Día 8 y llegó la poesía. Primero pequeñísima como una furia diminuta. Como el huesecito roto en la aceituna o como un pequeño riachuelo y un arroyo y la primera niñez. Llegó a mi piel y entonces aquella muerte ya no fue mía, ni tuya, ni tan siquiera fue nuestra. Aquella muerte ya no fue muerte porque llegó la poesía y quiso ser Tsunami; porque el tiempo y la palabra todo lo gobiernan, como el orden preciso de la naturaleza gobierna sobre el Todo. Y mi naturaleza fue entonces poesía; ni tuya, ni mía, ni de nadie. Sólo para el aire: poesía. Sólo para mi boca desalojada, habitada solamente por su boca de culebra. Sólo para salvarme de aquel  friísimo diciembre: poesía, por los dedos, por todos los renglones, por todos los recorridos del instinto y para cada lenguaje.

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Día 5, December. “Las cosas buenas y sus ojos”

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Todas las cosas buenas alguien decidió un día pintarlas de azul. El mar, el cielo, la sangre de los reyes, las plumas de los pájaros del paraíso, el vestido de la cenicienta transformada en doncella, los ojos de los querubines, el príncipe que ha de rescatar a cualquier mujer, los pitufos, la habitación de un niño que todavía no ha nacido. A partir de ahora quiero que tus ganas de verme sean azules, y que tus miedos y tus esperanzas ya no sean verdes nunca más, sino también azules. Lo único que no quiero que cambie su color son la pasión y tus ojos.

La pasión la necesito roja, como la lava, como la sangre, como todas las cosas que nunca pueden quedarse quietas. Y tus ojos, los quiero negros, como la noche, como la muerte, como todas las cosas que nos llenan de inquietantes silencios.

 “Un mar de azul” Fragmento de: “La hora bruja” de Silvia Manzana

 Día 5, December. “Las cosas buenas y sus ojos”

Hoy es el día 5 de este insólito diciembre y ayer fueron sus ojos.
Hay un principio, un prolegómeno en sus ojos. Y hay veces; en que sus ojos me miran como si se quisieran atreverse  a mí, pero después sus gestos nunca le acompañan.  Lleva una leyenda abierta tras los ojos. Una sombra, una duda , un equilibrio. Una ternura añil, que parece ser proclamada como en primera persona detrás de toda esa rudeza con que se adorna y se ofrece y en la que tantas veces yo, me aflijo.
Vive una literatura entera tras sus ojos. Una, que no sé si alguna vez aprenderé a leer o a transcribir. Porque en sus hay ojos una ciclotimia y lo vivo de la herida tras la angustia. El niño por la culpa de la angustia. Pero por encima de eso, existe un sus ojos un todo, un “víveme” , un ángel y un motivo.

Un precipicio, al margen de la primera noche que vi encendidos sus ojos.

Ahora escribo esto porque sé que él no me lee y ni siquiera sabe que estoy tratando de huir del hombre, para salvarme solísima en este tercer diciembre. Es mucho mejor así, a pesar de sus ojos de ayer y de que tal vez  ya no esté a tiempo ni para intentarlo, ni para huir de sus ojos.

Hay un paradigma y un secreto en ellos. El alma del preludio. La tez de la nobleza. La exactitud arrolladora del principio del vértigo. Y a mí,  me va inquietando todo ese fuego sobre fuego.  Ese abismo del negro sobre el negro  y el mundo de duales que abarcan sus pestañas.

Hay un territorio oscuro, casi virgen, puro. Una patria tan libre como herida,  que el mundo no comprende y yo:  anhelo recorrer. Pero sobre eso, en sus ojos hay un camino, un sentimiento fino y un vestigio. Y ese precipicio hacia el instinto. Ese principio de él…

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Deciros que hoy me ha ido muy bien en el Slam de Hospitalet.  Y que a estas alturas, me sé una mujer valiente. Consecuente con lo que decido.  Soy: esta soledad que ahora elijo para caminar mi fuerza y mi equilibrio.
Seguiré en el avance por este febril diciembre, salvándome del mundo a toda costa, a pesar de sus ojos y el calor que desprende este instinto…

Este principio o precipicio de él.