Etiqueta: Prosa poética

Escribir del amor, bajo el signo de leo_3

Luna y Venus, amanecer en Puigsagordi ¿Sabes lo que deseo?  Salirme de este sueño. Volarme de estos versos y que tú, no solamente me sueñes. Que no me pienses cuando duermes y quieras invocarme, desnuda entre tus brazos. Y que así, me vivas en tu… Continue Reading “Escribir del amor, bajo el signo de leo_3”

Aquello no era amor

Pero ahora ella tenía un marcapasos y él una ciruelita allí donde la próstata. Los mirabas y podías convencerte en dos instantes: eso era lo grande y eso era el amor. La carita de mamá, cansada pero siempre agradecida de poder seguir acompañándolo un día más. Su mano posada sobre aquel aparatito oculto en su pecho, amo de un tic-tac acelerado, cuando a él lo llamaban a la sala de tratamientos. Entonces ella abría su libro, trataba vanamente de leer alguna línea y se llenaba mansa de lágrimas. Cuando él salía, se besaban, volvían a cogerse de la mano, partían nuevamente hacia el tumulto de la calle, cogían el autobús y llegaban a casa.
La casa siempre limpia, el lienzo océano del salón, dos butaquitas en la salita y un televisor para la hora boba de la siesta y el calor de los años. Eso era el amor.

Nadie nos borra los poemas

Ahora sólo intuyes que la caída es libre. La distancia es un arma de doble filo. Si se te acerca disparas y si se aleja, ya no elegirías ser tú el muerto. Entonces la soledad de los huesos cobra un sentido. Que nadie rompa… Continue Reading “Nadie nos borra los poemas”

Como una religión…

Si pusiera alguna regla, ante este riesgo de amor que nos ronda sería: “guerras cero”. No anhelo conquistar ninguna patria, ni vine a liderar batalla alguna o a cuestionar la libertad y el color de la verdad, en boca de nadie.

Si pidiese un territorio donde vivir este amor, aún consciente, de que ésto que voy a decirte, tal vez, te parezca completamente precipitado y cursi… Sería: una morada con puertas a tu alma. Que antes de mezclarnos en los músculos del órgano que propulsa a ríos nuestra sangre; que antes, incluso, de rozarnos, desnudarnos, desbordarnos o desear encontrarnos a nosotros mismos sobre la piel del otro. Te pases, sin juzgarme por mi rasa frontera de los días. Que te pongas descalzo y si quieres, cruces la aduana de mi tristeza que aún no supo encontrar la respuesta exacta, a cada gesta, en que el amor que ofrecí se fracturó en la vida.

Día 9, December. “Un fueguecito en la palabra”

Hace un frío inmenso y no puedo recordar si alguna vez mi voz dijo “te amo”. Si alguna vez mi amor contuvo un ángel dentro y siendo ángel voló y yo quedé vacía y ausente en este frío.

Es diciembre y el frío ha llegado a mi ciudad para que mi piel no finja que bajo ella gobierna aún la nieve y que estas palabras que escribo, desde el más crudo invierno, apenas son mi candela. Un intento de fogata que deseo prender para que mi corazón se eleve otra vez a 37º.

Día 8, December. “Y entonces fue, la poesía”

Día 8 y llegó la poesía, primero pequeñísima como una furia diminuta. Como el huesito roto en la aceituna, como un pequeño riachuelo y un arrollo y la primera niñez. Llegó a mi piel y entonces aquella muerte ya no fue tuya, ni mía, ni tan siquiera nuestra. Aquella muerte ya no fue muerte porque llegó la poesía y quiso ser Tsunami porque el tiempo y la palabra todo lo gobiernan, como el orden preciso de la naturaleza gobierna sobre el todo. Y mi naturaleza fue poesía; ni tuya, ni mía, ni de nadie.

Día 5, December. “Las cosas buenas y sus ojos”

Día 5, December. “Las cosas buenas y sus ojos”

Hoy es el día 5 de este insólito diciembre y ayer fueron sus ojos.
Hay un principio, un prolegómeno en sus ojos. Y hay veces, en que sus ojos me miran como si se quisieran atreverse a mí, pero después sus gestos nunca le acompañan. Lleva una leyenda abierta tras los ojos. Una sombra, una duda , un equilibrio. Una ternura añil, que parece ser proclamada como en primera persona detrás de toda esa rudeza con que se ofrece y en la que tantas veces me aflijo.
Vive una literatura entera tras sus ojos. Una, que no sé si alguna vez aprenderé a leer o a transcribir. Porque hay en sus ojos una ciclotimia y lo vivo de la herida tras la angustia. El niño por la culpa de la angustia. Pero por encima de todo, existe un sus ojos un todo, un “víveme” , un ángel y un motivo.