Día 13, December. “Mi piel contiene un bosque”

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Fue. Sencillamente, fue…

No preguntes por qué, pues el “por qué” 

padece de inacaboses.

Cada vez que me caigo:

un ángel acude y me besa las rodillas.

Una niñez acude, como el bosque a la lluvia.

Mi piel, también contiene un bosque

y yo contengo la lluvia y su equipaje.

Sólo el niño pregunta sus porqués…

No puede comprender aún su inacabose.

Sin embargo, la frialdad del suelo te lanza otra pregunta:

¿Para qué…? y el para qué es un principio

hacia el camino del orden.

Sé que el amor cuando es del bueno

jamás te deja al margen

y que es preciso caer

una o mil veces

y que la piel se prenda al bosque.

Fue. Precisamente fue, para que el ángel…

Fue para el amor al agua.

Para sentirse un todo con el cuerpo en la lluvia.

Para poder decirle adiós sin negruras.

Para vivir la voz y que la voz conozca

cómo escribirte

el bosque.

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Poema de Marwan, de su libro: “La triste historia de tu cuerpo sobre el mío”

Día 2, December. “Un ángel”

Un poema de Marwan de su libro: “La triste historia de tu cuerpo sobre el mío”

 Casi

Un álbum de cromos inacabado.

El gol que no marcó Pelé.

Una noche de ensueño que acaba sin un te llamaré.

La flor exacta de un cactus.

Mirar el mar a través del cristal.

Que coincidan con el tuyo cuatro

De los cinco números de la lotería.

Una playa artificial.

Escribir la palabra todo

y tirar de la cadena para que al final

nos quedara la palabra casi.

En eso consistió nuestra historia.

Día 2, December

No volveré a escribir tu nombre. Sólo sé que es Diciembre y voy a sobrevivir.

Esta es “La triste historia de tu cuerpo sobre el mío” o mejor podríamos decir:

“La triste historia de tu amor sobre el mío”

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Cuando empieza un amor, se nos concede un ángel. Así es.

Justo cuando empieza una historia de amor, tenemos a nuestro lado un ángel. Él  es quien “abre la puerta” al amor. Quien muestra las paredes de la casa; si quedaron humedades, o algún que otro desperfecto tras la estancia del último huésped. Es el ángel el que conduce al amor para mostrarle bien todos los rincones. Le enseña dónde se encuentran los puntos frágiles; en qué lugar quedaron daños y cómo ahí, precisamente por eso, debe ser más delicado y entrar con más suavidad en ese nuevo corazón.

Y así es como las paredes del corazón de cada uno de los amantes, son “mostradas” al amor por el ángel para que todo empiece mejor.

En nuestra historia de amor, tuvimos solamente un ángel ciego. Un ángel tan ciego como el propio amor.

En nuestra historia de amor: el ángel fui yo.