Samhain, La voz de las mujeres

«Un verbo en femenino»
«LA VOZ DE LAS MUJERES» 
INANNA*
Y yo que nunca he sido maestra, sino rama del sauce y de la aurora.
Que he venido a esta Tierra para narrar su historia. Tan solo porque vivo
en la memoria de los hombres, que me han visto la tez desangelada y la
esperanza muda.
Yo, que ya no soy un «Yo» sino un anhelo, que a veces vuelo en alas de la
noche y caigo y me recojo. Renazco desde el lodo más profundo y rompo
entre los versos, las ruinas de una vida sostenida, en mis antiguos credos…
Yo, que respiro y no me basta el aire.
Ni siquiera del huracán el aullido, ¡me basta!
Me prendo en el silencio; leo a través de mi historia y sé, que aunque mil
veces me rompan, voy a seguir siendo la de la niña de jade en la aurora.
La del amor angelado, salvado en cofres de Oro blanco.
Y antes que de la rémora y la noche, me nutro de los broches y las voces
de los tiempos, las cunas y los ritmos del tesón.
Y lo hago porque aún CREO y me CREO, le sigo siendo fiel a esta de mi
piel que sobrevive ¡Mujer! ¡Me sobrevive! A tientas y no en vano,
despierto, día tras día, en llamas y en peligro de extinción.
Yo, qué de la vida vengo y hacia la vida voy, ¡a ríos!
Pues la amo inmensamente y a día de hoy; llevo el pecho abierto, de
tanto amanecerme en brazos de la sombra y a sombras contra el viento,
he ido eclosionado y solo SOY la voz de un verbo antiguo.
Un verbo en femenino.
La voz de las mujeres, la fe de los ancestros, el son de los latidos
que aún viven en mí.
Y si soy la que llora, también nado en mi llanto como el Delfín azul,
navega por sus noches oceánicas y se desvive en trinos, para nacer de su
cántico ¡libre SER…! Y libre, ¡VIVIRSE!
Y tú, que dices Luz y no me dices: ¡Ven!
¿Dónde entonces la luz?
¿Cuántas veces la has visto cómo llega…?
Avanza tan despacio, te palpa, te desgarra, te huye, te persigue…
Una y otra y otra vez.
Liviana y tan hermosa, se viste con mi piel—la de la entraña—rotunda en
su equilibrio, se danza en la belleza del sueño que amanece, en el pecho
de mi desnuda loba en llamas.
Y llega, me inocula, se nombra en mis memorias. Se anuncia en la
mañana, renace como Inanna* del lodo más profundo hacia la vida y
simplemente dicta:

La luz, tu luz, eres tú.
La primigenia impronta.
La vida en tus arterias, tu tiento, el verso abierto, tus flancos, tus
misterios…
Tu útero sangrando. Los tantos intentos en vano,
de hallar justo al maestro, mientras no podías ver,
que «el maestro», tú, para tu Ser ya eras.
Tú, para tu sueño ¡tangible y tan precioso!
Tu vida contra el buque del tiempo, tu alma del lamento,
tus cofres del tesoro.
Aquellos que salvaste y perdiste tantas veces.
Tu paz y tu equilibrio
en el latido perpetuo de Diosa Universal.
Las manos sobre el vientre umbilical.
La hebra, que trepa y al corazón asciende.
Esa, ¡La LUZ!
Que también vino a ser, los tiempos en la sombra…
Y ahora, justo ahora, en esta voz que vives cuando hablas
en este amor que callas y te nombra,
también eres la Luz
alumbrando ese mundo
que no te deja ser, ni tampoco te honra:
En tu mujer de Voz
En tu mujer de Amor
En tu mujer de Auroras

Inanna (Innin) Diosa

Era la diosa del amor y de la guerra, de la  naturaleza y de la fecundidad, prolongación de la tradición de las antiguas  «diosas madres» neolíticas , fue la protagonista de mitos tan arquetípicos como el del «descenso a los infiernos»

Como otras muchas diosas cuyo nombre significa “Reina del Cielo”, tiene muchos nombres que representan algunos de sus poderes y atributos , su poder y su gloria a la cabeza del Panteón sumerio

Templo en Zabalam. Protectora de Uruk (Erech). Asociada con la estrella del alba (el planeta Venus).

Se la identificaba con la diosa griega Afrodita y  Astarté fenicia. En algunas tradiciones era  hija de Anu y Ki (la tierra), y en otras de Sim y Ningal (la luna).Tenía  7 templos en Sumeria, aunque el mayor estaba en Uruk, el  E.Ana.

 Su consorte fue Dumuzi (Semidios y héroe de Uruk). El templo de Eanna en Uruk, está dedicado a ella y a Anu.

Otros nombres de Inanna :  Innin, Innini.

Nin-me-sar-ra, «Lady of Myriad Offices»

Ninsianna  como personificación del planeta Venus 

Nin.an.na, Reina del Cielo.

Nu-ugiganna, Hierodula celestial

Usunzianna, Excelsa Vaca del Cielo 

El hombre del sol, poema-leyenda

¿Lo ves? Otra vez es otoño y la tierra, vuelve a estar húmeda y preparada

para recibir las hojas secas y los caminos de la nostalgia.

Y yo camino por ellos,  buscando brújulas que me lleven hacia  un tiempo

donde pueda sentir que sigues vivo en mi sueño

Y mirarme las manos vacías y mirarme al espejo la frente

y verlo allí, aún prendido

a aquel Sol, que tú me enseñaste a llevar siempre por dentro.

Pero a ti perderte en el recuerdo, porque cada vez que me he acercado

has corrido más y más lejos.

Vuelvo a tener la misma edad que el mundo y de tanto rodar y volar por él

tengo también como tú, tristes las alas.

Un día, caminaba por la arena de aquella playa y te vi absorto, mirando hacia el sol. Tal vez no lo recuerdes, pero me dijiste:

«A él le gusta que lo miren, que el hombre goce de llevarlo dentro mismo de su cuerpo. Yo lo he hecho, y deseo, que tú también lo hagas niña mía, porque sé que el Sol debe llevarse por dentro.

Dentro de nuestra sangre y así sea el fuego que rebose en los poemas, que aún sientas escribirme, cuando estemos lejos.Y si sientes que el Sol se encuentra tan a gusto dentro de ti, amor, no permitas nunca que se vaya. Porque hay muchos hombres que lo pierden y van muriendo, sin saberlo, un poco cada día…

Llévalo siempre en el corazón y tras tu frente y así cuando yo esté perdido y no me encuentre, pueda volver a encontrarte y a encontrarme. Y Yo, también lo llevaré dentro de mi corazón y en mi frente, para que cuando seas tú la que esté perdida y sientas temor, sepas que mi Sol estará siempre esperándote para fundirse con la luz del tuyo»

Aquel día, mucho antes de que llegasen los tiempos en que nos silenciásemos, el hombre del Sol me había besado apasionadamente en los labios, frente al océano. Y yo, ya nunca pude olvidarme de aquel beso, ni del placer infinito de nuestros soles desnudos, amándose.

He sido guardiana del fuego,

todo este tiempo…

He escrito muchos versos, desde entonces…

¡Lo juro!

Y ahora que vuelve a ser otoño, siento que se me ha quedado dormido el Sol y la esperanza y ya no estoy segura de tener suficiente fuego en la sangre, como para seguir dejándome el corazón en las palabras, mientras sigo viajando sin rumbo

buscándole por el mundo.

<p class="has-text-align-center" style="font-size:14px" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80"><em>Image del website de Gnosis de <em><a href="https://www.jesusagrario.com/&quot; target="_blank" rel="noreferrer noopener">Samael Aun Weor</a></em></em>Image del website de Gnosis de Samael Aun Weor

El desnudante

«De niña, en mis sueños, subía por las franjas luminosas de la aurora

antes de que despuntara el Sol. Despierta ya, recomponía historias…

Desplegaba las alas sobre la almohada. Sabía que todo era un invento

de mi vida y de mi sueño»

https://mujerdeaire.blogspot.com/2010/07/de-nina.html

Otra vez, regresa el mismo sueño meciéndome en su voz. Me entrego a él sin miedo, sin cuerpo ni memoria del dolor. Vuelvo a viajar desnuda en alas del arquero. La escuela de la vida y de los sueños desvelando el misterio en mensajes que, despiertos, no supimos leer.

Dormidos en la vida, despiertos en el sueño…

La misma sala diáfana —una pizarra blanca, las tizas de colores, que pintan Arcoíris…Un cielo, un valle, un árbol, mi casita de sueños y un camino a seguir. «¡Esto es florecer!», grito. Ya hemos estado aquí, pero nunca habíamos leído la palabra «Amor» escrita en japonés. No me preguntes porqué. No conozco ese idioma, solo comprendo el Ideograma.

Estás conmigo. Tus ojos desnudantes, tu boca en su lenguaje, tu mano abierta, muda certeza, ahora, limpia y auténtica. No existen verbos, que yo pueda escribir. Son solamente ojos. Mares internos, abriéndome ventanas a no sé qué lugar… O tal vez, siempre lo supe y me estremezco. Como la primera vez que me asomé a mirar dentro de ti.  

Pintamos mano a mano, colores sobre el blanco. ¡Es tan hermoso el dibujo que hemos hecho! Todo está siendo otra vez, como un juego de niños. La risa sueña y cae alguna lágrima. Vemos charquitos en el suelo. Nos han dejado solos. Solísimos, ante el deseo de estar trepando al Arcoíris.

Los cantos del destino ya rodaron. «Golpearon fuerte y duro», dicen. Nada ni nadie pudo cambiarnos. Seguimos inmutables, tan primitivos como el origen. Tú de la piedra más sabia, yo de esta escuela que en mí fue siempre la vida. Tú,  la tormenta auto existente. Yo,  el alma de la maga blanca, en la mujer de aire.  

De tan vacío el mundo nos ha dejado, al fin, dejar de ser esclavos.

La libertad se labra, amado mío…

La libertad se anda. Se escribe con la piel en una noche en llamas, como esta.

Se pinta de colores en una gran pizarra, como esta.

Solo necesitamos algunos trazos más…

La vida, volviendo a retomar la Luz de cada instante.  

Un día, pintábamos un río y supimos que, «Se puede fragmentar el agua». En oxígeno e hidrógeno. Y cada uno de sus átomos,  en  moléculas. Entonces comprendimos que, si uno a uno los sumábamos, cada cien mil ríos formaban un mar. Quisimos dibujar, mares y océanos. Y así, que cada uno tuviese el suyo abrazando su mundo.

Hoy hemos preguntado: «¿Se puede fragmentar el aire? ¿El alma universal del aire? ¿Sus millares de átomos que dicen, que son inquebrantables?»

Nos miran, sin respuesta los ojos del gran Cosmos frente a Venus. La estrella de la noche siempre veló mis sueños. ¿Lo ves? Ese ideograma «de Amor» está bailando en la pizarra. Lo estamos contemplando boquiabiertos. Acaba de iniciar un movimiento tenue, suave como una danza. Se está desfragmentando y desdoblando en dos…Dos, que es Uno al mismo tiempo.

Tu voz sorprende a mi silencio, tu beso a mi lenguaje. Mis manos tiemblan. Vuelve a prender la esperanza. Debajo de la piel aún viven las llamas.

¿Qué aprendimos del tiempo en solitario?

¿Qué aprendimos, amor, del ego y sus demonios?

Dicen que ahora, ya no tenemos capas, ni velos que nos cubran. Tan solo cuatro alas y pecho contra pecho, nos miramos y abrimos nuestros brazos hacia el océano. El sol, está vivo en nosotros. Más que nunca. Como una inmensa estrella, nacida de la sangre.  

«En un abrazo milenario, nos hicimos humanos», dicen…

«Venimos a aprender, tejidos en lo humano», dicen…  

Hemos sido otoñales como duendes de un bosque, que de tan verde escuece en los ojos. Hemos sido de invierno, como la blanca nieve.

La calma de esta estancia trae la esencia del agua. Llega hasta nuestro oído, la voz de la cascada. Se derrama, como una lluvia milenaria que cae sobre nosotros. El agua es la pureza. El nido universal que inunda nuestra calma. Nos cubre, nos lava las heridas, para que pueda nacer de nuestro amor: el Fuego.  

«El fuego, jamás podrá desfragmentarse», dicen…  

Hemos sido lo ígneo, lo primigenio. Lo sé, lo sabes. Hemos sido prohibidos, en otro tiempo. Canto rodado en los labios y olvido. Eso, hemos sido.

¿Cómo fue para ti, vivir la fe quebrada?

¿Cómo ha sido sentir la entraña de la culpa?

¿Cómo ha sido, amor, el volcán de nuestras dudas?  

El beso del reencuentro me sabe a Cielo y Tierra. Como un instante rozando el universo. Una fugacidad de eternidades. Bebo la savia de tus labios, tomo tu rostro entre mis manos. Me miro en tus ojos, que me enraman. Eres, el desnudante sin palabras de mi amor. En ti, se me permite ser del aire. En mí,  tú siempre fuiste el aire prendiendo un nuevo fuego. Nos han dado una piel para este sueño. Es nuestra e imborrable. Esta vez, sí que Sí. Huele a nosotros, igual que cuando hacíamos el amor.  

愛 し て る  

Ha amanecido ya. Quisiera no llorar. Quisiera, no quebrarme. No estar aún despierta. Pero mi vida es esto, por ahora. Caerme de la aurora. Nacer del alba y recordar. Acariciar el lenguaje que pueda devolverte en imágenes, todo lo que somos.

Está sonando la maldita alarma del reloj, al otro lado de mi cama.  Otra vez amanezco temblando, desarraigada. Buscándote sin voz y en llamas. Respiro. Te respiro, mi arquero, el desnudante. Sé que debo calmarme, aún estás en el aire. Eres el aire. Hemos venido a esto. Somos el Ideograma del Amor, desfragmentado.

«Somos la voz y el tiempo en la mirada», dicen.  

¿Sabes?, el alma de tu sueño también tiene dos alas.

 

Yo, Sabana

Yo, Sabana

Tú, buscadora: lo sentías…

Ahora ya no eras la gata de la lluvia maullando en piel ajena, soledades.

¡Ya no eras!

Ahora, dilataba tus pupilas el alma de la luna,  danzándole a tus ciclos:

el amor hacia ti misma y la ternura.

Y yo, mujer hermana, tan solo te contaba mi vivencia.

Mi pequeña palabra o verdad.

Mi forma personal de sanarme a mí misma,  para mí y para el mundo,

por si a ti, también te servía.

Yo solo te contaba, que ahora no dormía mi memoria en sueños frágiles de aire.

Que ya cesaba el llanto de mis ojos y giraba veloz sobre mis propios pasos,

si es que regresaba: caminante él a mi camino y volvía a recordarme,

de qué hoguera y de qué selva habíamos nacido los dos.

Y entonces yo mudaba, leona, a mi pelaje. Alborotaba al viento la melena ¡Y rugía!

Rugía de verdad, voceando frente al mar:

¡Qué yo ya no llevaba el peso de la lluvia o de la culpa en las entrañas, de la primera Eva!
 Porque ahora era auténtica. Era, mujer universal.

Ya no tenía que maullar en piel de Adán o Adanes.

No volvería a ser la flor trémula del aire prendiéndome en el pecho,

versos con pétalos mojados en lágrimas, para un amor de nadie,

para un amor fugaz solo de aire…

Yo ya empezaba, a ser: Luz y Sabana

El alma de la selva, del agua y del volcán.

Y era mi vida todo eso…

La luz de aquella estrella, mi espíritu salvaje, mi sangre y mi linaje.

Todo eso era.

Y sí, también era mi corazón desprendido, en otros tiempos,

volviendo a ser prendido

a la vida y a la rama.

Mi corazón desprendido, prendido firmemente a la rama de la selva y mi vientre de la selva.

Mis ojos, de la tierra del hombre verdadero.

Mis ojos: sus espejos.

Y sus ojos: mis espejos.

Yo era mi Dios y mi Diosa en el camino, hacia un dulce equilibrio.

Sabía bien mi destino porque ya, había aprendido a intuir…

Fluía con la vida, olía el viento acre y el beso del almizcle y volvía a reinventar:

mi calma o mi ternura.

Mi grito contra el viento de la nada, mi auténtica victoria sobre el ego vencido.

Yo era mujer de un solo eje, montaña o cordillera ¿Sabes?

Era mamífera intuitiva y audaz.

Humana, parida del cielo de lo humano. Hija del sol y la luna,

del único latido de la vida y la jungla.

¿Y sabes, hermana?

Ya no fui más felina, maullando a gatos pardos que no sabían aún si

eran amigos del diablo o habían perdido el corazón

y cuatro o siete vidas sin un amor verdadero.

Solo podía reconocerme: en otra piel como la mía, en otra selva como la mía,

en otro corazón sin rejas, sin escarcha, sin torres, sin domar.

Porque ahora solo era, mírame: «La divina»

Aquella de la que el hombre del miedo siempre por siempre huiría, por mi bien,

cada vez que intuyera

que yo empezaba a ser la mejor versión de mí misma,

cuando él, aun no estaba listo para serlo.
 

La mejor versión de mí misma, parida por mí misma para la tierra.

Ya no quedaba guerra ni guerrera.

Mi tierra era tan solo la sabana, que abría y entregaba un ser puro de fuego,

o el beso en la horma de otro pecho

rugiendo sangre viva y auroras frente al alba, como yo.

Esa era ahora,  ¡mi Sabana extendida!

Mi amor para mí misma, hoy, ya, por siempre, era.

Principio y primavera, el cauce universal de Dios y lo divino.

Sagrado femenino para el mundo.

La auténtica mujer que, como tú, hoy despierta.

Hermana, esta es mi palabra. Mi pequeña historia para ti y para mí.

Y yo, la maga, la enlazadora de mundos, caminante del cielo y de la tierra, como tú. Te entrego mi decreto, con todo el amor del corazón.

Yo, la Dakini                                  
Yo, la Chamana
Yo, de la Selva
 Yo, de la Luz
 Yo, como tú, mi Hermana
 Mi dulce Espejo

Azul  

MM🎇☪️🕉☯  

Como todo alguna vez se me ha hecho sueño…


Como todo alguna vez se me ha hecho sueño, hoy te digo, que esto nuestro no.
Esto nuestro, no es solo un sueño. Ni siquiera es simplemente un cuento de amor. Es una voz. Una voz que está viva y ardiente. Que sigue dentro de mí, que me habla con tu acento y que me dice:

—Estoy aquí, ¡Tómame! Soy yo…

Y te tomo y ya puedo empezar a dormirme serena, mientras tu voz, se acerca o se aleja, o se me pierde en el aire, y ya en mi sueño más profundo, empieza mi viaje a otro lugar…

Allí donde veo esas cosas que después no sé cómo explicar. Que no sé ni siquiera que nombre ponerles, así como tú una vez me contaste, que a ti también te sucedía y me dijiste; que cuando me pasara eso me mirara las manos, porque de ese modo podría saber si todo era auténtico, si estaba en ese mundo de verdad o solo era un invento de mi mente, o de mi sueño.

Entonces, cuando estoy allí miro mis manos. Las veo blancas, sin líneas en las palmas y eso me asusta demasiado y quiero regresar. Miro mis pies y van descalzos por el aire, miro mis brazos, mi piel sin vello, sin lunares, mi cuerpo desnudo… Nada me cubre, soy ligera, no tengo nombre y soy mi nombre de mujer.

No soy de ningún tiempo concreto y soy real, y todo es una senda por la que danzo, sin saber jamás hacia qué lugar viajo.
Veo colores que aquí no existen. Me inundo de un amor que aquí no vive. Lloro de amor por nosotros, pero sin lágrimas. Y al fin lo logro, me despierto. Me caigo de ese cielo, como quien cae en picado desde una cima, hasta lo más hondo de un valle. Y estoy de nuevo, simplemente aquí. Otra vez temblando. Abro los ojos, me levanto. Deambulo a oscuras por la casa, trato de hallar tu voz de nuevo en el silencio y si no la siento, te llamo, y surges a mi encuentro. Te cuelas por mi aliento, regresas a mí. Me cuentas que ese sueño, soy yo. Esa mujer sin tiempo 
y, sin embargo, con tanta senda pendiente.

Y ya no puedo, dejar de pensar en ello. ¡No puedo! Volver a dormirme porque necesito comprenderlo todo. Me siento en mi escritorio, te escribo tal como lo estoy viviendo. Pienso: a quién si no es a ti, puedo contarle todo esto.
Porque ya nadie me comprende, ya nadie quiere creerme cuando les digo,  que tú no eres un sueño. Que existes y vendrás, porque estás en mí desde siempre. Y ahora más que nunca, vuelves a ser la voz que me acompaña.
 
Y ya no quiero, que digan mis amigos; que duermo poco y sueño demasiado despierta. Y que parece mentira, que siga siendo tan optimista. Que nunca te olvide, ni te desquiera. Que siga con mi humor alegre, aunque alguna vez bostece. Porque me tienen harta, de escuchar continuamente la misma retahíla.

Y es que amor, yo no quiero ser esa mujer de senda eterna. No quiero, que se me duerma esta vida, mientras ella vuela o me sueña. Yo no quiero, que se me duerma tu voz en esos silencios tan largos, donde la noche nos separa y viajo a ese lugar.
Por eso escribo tanto, y duermo solamente las horas necesarias. Para que descanse mi cuerpo y no se duerma mi vida. Porque ya dormí mucho de niña, y sé que volveré a hacerlo cuando estés aquí conmigo.
 
Como la primera vez en New York city, que llegábamos casi siempre tarde a los museos, de tan profundo que nos dormíamos, después de hacer el amor, otra vez, de madrugada.  
Como la primera vez de dejar que sí, que la vida nos soñara hasta las tantas por habernos rendido ya a todo, al amarnos de aquella manera. Y con el cuerpo cansado, solo dormíamos descanso sin volar a mundos raros, porque ese amor nuestro, nos amarraba con más fuerza que nada a la tierra y nos hacía olvidar, cualquier otro mundo de alma de aire.
 
Y luego frente al museo, ¿lo recuerdas? Nos hacíamos esas fotos, con pose de «chulitos» delante de la puerta, para que quedase constancia, de que habíamos estado allí, de que al menos, habíamos llegado hasta la puerta.
Para que mis amigos y los tuyos, siempre nos creyeran y supieran que todo entre nosotros era verdad. Para que ni tú ni yo olvidásemos, que todo sigue siempre siendo real. Que nuestras voces internas, están vivas. Nos son fieles, amantes, amigas. Nos acompañan. Nos entregan, aún, cuando estamos así de lejos toda la fuerza. Y solamente la noche y ese mundo paralelo nos desune, cuando mis manos o las tuyas son blancas y sin rallas.

Y yo, lloró de amor y tú, lloras mis lágrimas.
Y vuelvo a ser esa mujer de aire, que solo quiere despertar estar aquí en la tierra. Estar en ti sin senda, para que tú me sientas cerca y el camino sea, andar contigo.

Para que yo te sienta cerca y el camino sea: cualquier lugar del mundo, 

                                                    al que lleguemos juntos.

Mayde Molina
Relatos «mujerdeire»
 

Mujer de aire

Bruno Schmeltz, Artodissey

«Mujer de Aire»

Habías pronunciado mi nombre en sueños.

La noche andaba buscando, las fábulas de aquel antiguo tesoro

que habías guardado, debajo de tu cama,

cuando empezabas a ser un niño esponja, 

acunado por el canto de las sirenas.  

Allí,  habías escuchado por primera vez mi nombre.

Con él, creció inmensa tu sonrisa,

llevó a tus ojos la llovizna de un amor, que aún no conocías.

No habías aprendido todavía a amar,

pero tus ojos brillaban como estrellas en la noche

cuando pensabas en mí…  

«Algún día, será mía…

La mujer del aire y las espumas del mar»

Creciste demasiado rápido,  te habías hecho mayor y seguías tan esponja…

Buscando sueños por el mundo, te habías olvidado de mí

y de la fuerza universal de mi nombre.  

Y yo, había tenido que estar viviendo todo el tiempo sin ti;

en los versos de los poetas, en los lienzos de los pintores,

en la danza de Venus.

Para que el destino no se olvidara de pronunciarme y pudiese seguir existiendo,

como una Mujer de Aire.  

Esta última noche, volviste a decir mi nombre mientras dormías.

Y tuve que salir de cada verso, de cada lienzo, de la noche y el tiempo de los astros.

Y así, volver a acariciarte en tu sueño de amor alado.  

Ahora, ya sabías amar. Habías aprendido muy bien…

Ya podías desdibujarme y volver a crearme entera, entre tus manos.

Ya podías, borrarme de las venas: la mujer de los versos y los poemas, para hacerla realidad, con tu deseo.

Dejaste en mi blanca desnudez, tus besos.

Se tiñeron tus labios de rojo, besando los míos.

Me dejaste en el vientre, el frescor y la delicia de las espumas del atlántico.

Y yo, respiraba de tu cuerpo mientras tú entrabas en mí

consciente de que ya, nunca podrías olvidarme.

Consciente, de que tal vez algún día

yo volvería a ser del aire y  tú, del océano.

Stephen L. Haynes

He despertado esta noche, entrelazada a tu sueño.

He despertado, con los cabellos rojos

como el color de mis labios y de tu fuego.

He despertado, con las palabras al viento

y una manta de flores, cubriendo mi deseo.

Ahora sé, que no debo tener miedo de nada.

Ni siquiera, de tus labios cuando me pronuncien.

Ni siquiera, de mi incendio cuando me deje desnuda

para que tú, me tengas:

Mujer de Aire y Fuego

“Somos los que arden”

Puesta de sol en Puigsagordi

«Nosotros somos los que arden, los que, por el deseo de arder, renuncian al Agua de la Vida y van en busca del Fuego»

Yalal ad-Din Muhammad, Rumi

EL FUEGO 
 
Yo solo soy, lo que ha pedido el fuego 
lo que me ha escrito el fuego, 

lo que ha dejado intacto y me ha dictado  
en ascua viva el fuego 
Aquel que corre por mi sangre, que quema mis corazas 
y abre la entraña en mí. 
Bebe de mis pupilas, propulsa el huracán  
que me ha estado lanzando contra ti. 
Apenas te medí contra mis fuerzas… 
Y hoy, que lágrima en la sal me he herido: 
me destituyo de amarte 
y aquí, en lo desnudo, me visto con el verso 
y vuelvo a reiterarme 
en la aprendiz eterna del amor. 
 
Yo, siempre voy a ir donde el amor me lleve 
No me verás de nieve ante tus ojos 
No me verás intacta, sin llamas en el pecho 
Si no amor: Yo no 
Si no amor, no me propulsan mis alas 
Ya no verbo ni verso por ti, si no amor 
Ya no busco motivos 
Ya no creo que en ti 
Si no amor en ti… 

Esta noche parece…

Luna y Venus

Esta noche parece, como si la certeza se abrazase a un solo árbol
Como si al sauce y al viento les uniese un mismo reproche…
Como si al enfrentarnos
ya no pudiésemos leernos fuego ígneo en los ojos
y estos versos no fuesen ya míos
ni este incendio mío y solo te encontrase
dormido en los instantes

Esta noche parece como si al separarnos, hubieses construido tú el abismo que vino a enmudecernos. Y yo solo escuchase los átomos en vela de la noche que, como viejos recuerdos, me llevaban a añorarte. Y te soñaba grande, como si tú también pudieses soñarme y mi soledad hubiese sido distinta y tan valiente, que jamás me mintiese y me enseñase a andar lenta y descalza, o a volar alto y segura de mí misma.

Esta noche, voy de vuelta con los rotos. Como en cada luna llena que me derramó de espera. Nunca llegué a comprender si acaso fue tu niñez, o aquella loba hermana que —del trueno sobre el trueno— zigzageó en mi rostro el ritmo y la cadencia de la lluvia. La que siempre fui sin ti, en todo lo trazado. Porque llorarte fue algo tan fructífero, que hice del vendaval de mi ira otro lenguaje. Con él,   llegó la sal de las palabras como una antigua y sabia medicina que se vertía en mí.

Y dime, ¿tú qué hiciste?
¿Acaso no tuviste alguna vez un halcón entre tus manos y lo lanzaste a volar, lejísimos de ti?

Tú, que nunca comprendiste que yo era Lady Halcón  volando errante, sin saber ponerle un tiempo a mi dejar de amarte. Por eso, he muerto y renacido tantas veces, sin cuerpo y en mis alas, o en brazos de la lluvia, tendida sobre el bosque.

Y ahora que ha pasado tanto tiempo, puedo decir con certeza: que no me perteneces y no te pertenezco. Que aquel amor nos hizo libres y, tal vez, nos enseñó a ser algo mejores en las nacientes vidas que el futuro nos llame a vivir, si es que existe otro tiempo más allá del ahora…


Sé, que tardaré una noche en blanco, como un mundo inhabitado u otra luna entera, viajando como Venus en este cuerpo de aire, que ya no escribe duelos.
Sé, que viajaré hasta que la aurora regrese y me constele, viajaré. Hasta que el lucero del alba me honre al pronunciarme y sea yo devuelta, como un faro encendido, a la Tierra del Hombre.

Sé, que ¡ya he volado!
Sin límite, ni hogar, fui casi un ave libre.

Quise escribir para vivir a esta mujer que sabe sostenerme y que ahora comprende que contigo,  solo elegía un camino donde la hiedra trepaba sin dejar de enrramarse a mis cortezas de sauce.
Una senda donde amarte, me abrió siempre en dos mitades:

La mía. La que soy y me habita. La que enraízo en mis pasos, mientras danzo, entre el Cielo y la Tierra.

O la tuya, la del Aire. La que fui. La que era. Inocente y etérea, pero sin huellas.

hermosa la mujer…

Hermosa la mujer
que cierra sus tinieblas
y enhebra un nuevo pacto con la vida

Valiente la mujer arrecife
la mujer colina
la mujer tempestad
la que escribe sus vértices

y se abre de sal

Auténtica la mujer coraje
la mujer jaguar
la que enfrenta sus miedos
y no busca en la boca 
del temor la derrota

Paciente la mujer de arena
la mujer arroyo
la mujer cobijo
de sus sueños rotos
la mujer de este siglo
la mujer inconclusa
la mujer del ahora

Bendita la mujer esperanza
a pesar de los tiempos que corren
la que rompe los cofres del tedio y del orden
la que viste y se calza su propia verdad
la que nunca se miente
la que canta sin llanto los días de lluvia
la que llora la lluvia y avanza
la que hoy no se rinde

La mujer que me nombra: llama viva y ardiente
La mujer que me vive: alma viva y presente
La mujer que me habita y me danza 
La mujer que me hace amarme y florecer
La mujer de este verbo
y de todo mi SER

Kafka Pinkola

2 poemas de amor y el mar…

«Que se abra el mar»

Remo tristezas que no desaparecen

duermen anémonas en esta soledad

allí no llega mi voz

ni el viento

ni el canto de las sirenas blancas

Ninguna luna ha permitido amores en el aire

Si yo pudiese volar

cruzando el paralelo de tus brazos

sería todo matriz de un mismo sueño

en esa isla que hoy deseo

nuestro hogar

Allí donde levanta la aurora boreal

mi piel aún tiene frío y ausencia de tus manos

El tiempo es un letargo sostenido

escarcha en cada valle

tectónica de placas en su cauce

que no abren tierra alguna

en medio de este mar

Dame una prueba de amor irrefutable…

¡Qué arda el aire y se abra ancho el mar!

Que ya no sean cobardes las flores del destino

si pueden ver que tú

estás aquí conmigo

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Mi voz…

Mi voz guarda memorias recónditas de océanos
Mi voz, que ayer era del agua…

Hoy es solo del viento y lleva en su silencio
recónditos secretos
que nunca conté al hombre
porque eran sol y fuego


Espíritus del Aire, anhelos desde el Cosmos, semillas de mis sueños…

Mi voz, dormida en los océanos
callada aún en la Tierra
vivía en los elementos, tenía la sed del bosque
y el verso de otros tiempos

Entonces, despertaba
desnuda y habitada
y en lágrimas de lava
otra voz me decía:

que Universo era yo y Él era

en mi palabra