El desnudante

«De niña, en mis sueños, subía por las franjas luminosas de la aurora

antes de que despuntara el Sol. Despierta ya, recomponía historias…

Desplegaba las alas sobre la almohada. Sabía que todo era un invento

de mi vida y de mi sueño»

https://mujerdeaire.blogspot.com/2010/07/de-nina.html

Otra vez, regresa el mismo sueño meciéndome en su voz. Me entrego a él sin miedo, sin cuerpo ni memoria del dolor. Vuelvo a viajar desnuda en alas del arquero. La escuela de la vida y de los sueños desvelando el misterio en mensajes que, despiertos, no supimos leer.

Dormidos en la vida, despiertos en el sueño…

La misma sala diáfana —una pizarra blanca, las tizas de colores, que pintan Arcoíris…Un cielo, un valle, un árbol, mi casita de sueños y un camino a seguir. «¡Esto es florecer!», grito. Ya hemos estado aquí, pero nunca habíamos leído la palabra «Amor» escrita en japonés. No me preguntes porqué. No conozco ese idioma, solo comprendo el Ideograma.

Estás conmigo. Tus ojos desnudantes, tu boca en su lenguaje, tu mano abierta, muda certeza, ahora, limpia y auténtica. No existen verbos, que yo pueda escribir. Son solamente ojos. Mares internos, abriéndome ventanas a no sé qué lugar… O tal vez, siempre lo supe y me estremezco. Como la primera vez que me asomé a mirar dentro de ti.  

Pintamos mano a mano, colores sobre el blanco. ¡Es tan hermoso el dibujo que hemos hecho! Todo está siendo otra vez, como un juego de niños. La risa sueña y cae alguna lágrima. Vemos charquitos en el suelo. Nos han dejado solos. Solísimos, ante el deseo de estar trepando al Arcoíris.

Los cantos del destino ya rodaron. «Golpearon fuerte y duro», dicen. Nada ni nadie pudo cambiarnos. Seguimos inmutables, tan primitivos como el origen. Tú de la piedra más sabia, yo de esta escuela que en mí fue siempre la vida. Tú,  la tormenta auto existente. Yo,  el alma de la maga blanca, en la mujer de aire.  

De tan vacío el mundo nos ha dejado, al fin, dejar de ser esclavos.

La libertad se labra, amado mío…

La libertad se anda. Se escribe con la piel en una noche en llamas, como esta.

Se pinta de colores en una gran pizarra, como esta.

Solo necesitamos algunos trazos más…

La vida, volviendo a retomar la Luz de cada instante.  

Un día, pintábamos un río y supimos que, «Se puede fragmentar el agua». En oxígeno e hidrógeno. Y cada uno de sus átomos,  en  moléculas. Entonces comprendimos que, si uno a uno los sumábamos, cada cien mil ríos formaban un mar. Quisimos dibujar, mares y océanos. Y así, que cada uno tuviese el suyo abrazando su mundo.

Hoy hemos preguntado: «¿Se puede fragmentar el aire? ¿El alma universal del aire? ¿Sus millares de átomos que dicen, que son inquebrantables?»

Nos miran, sin respuesta los ojos del gran Cosmos frente a Venus. La estrella de la noche siempre veló mis sueños. ¿Lo ves? Ese ideograma «de Amor» está bailando en la pizarra. Lo estamos contemplando boquiabiertos. Acaba de iniciar un movimiento tenue, suave como una danza. Se está desfragmentando y desdoblando en dos…Dos, que es Uno al mismo tiempo.

Tu voz sorprende a mi silencio, tu beso a mi lenguaje. Mis manos tiemblan. Vuelve a prender la esperanza. Debajo de la piel aún viven las llamas.

¿Qué aprendimos del tiempo en solitario?

¿Qué aprendimos, amor, del ego y sus demonios?

Dicen que ahora, ya no tenemos capas, ni velos que nos cubran. Tan solo cuatro alas y pecho contra pecho, nos miramos y abrimos nuestros brazos hacia el océano. El sol, está vivo en nosotros. Más que nunca. Como una inmensa estrella, nacida de la sangre.  

«En un abrazo milenario, nos hicimos humanos», dicen…

«Venimos a aprender, tejidos en lo humano», dicen…  

Hemos sido otoñales como duendes de un bosque, que de tan verde escuece en los ojos. Hemos sido de invierno, como la blanca nieve.

La calma de esta estancia trae la esencia del agua. Llega hasta nuestro oído, la voz de la cascada. Se derrama, como una lluvia milenaria que cae sobre nosotros. El agua es la pureza. El nido universal que inunda nuestra calma. Nos cubre, nos lava las heridas, para que pueda nacer de nuestro amor: el Fuego.  

«El fuego, jamás podrá desfragmentarse», dicen…  

Hemos sido lo ígneo, lo primigenio. Lo sé, lo sabes. Hemos sido prohibidos, en otro tiempo. Canto rodado en los labios y olvido. Eso, hemos sido.

¿Cómo fue para ti, vivir la fe quebrada?

¿Cómo ha sido sentir la entraña de la culpa?

¿Cómo ha sido, amor, el volcán de nuestras dudas?  

El beso del reencuentro me sabe a Cielo y Tierra. Como un instante rozando el universo. Una fugacidad de eternidades. Bebo la savia de tus labios, tomo tu rostro entre mis manos. Me miro en tus ojos, que me enraman. Eres, el desnudante sin palabras de mi amor. En ti, se me permite ser del aire. En mí,  tú siempre fuiste el aire prendiendo un nuevo fuego. Nos han dado una piel para este sueño. Es nuestra e imborrable. Esta vez, sí que Sí. Huele a nosotros, igual que cuando hacíamos el amor.  

愛 し て る  

Ha amanecido ya. Quisiera no llorar. Quisiera, no quebrarme. No estar aún despierta. Pero mi vida es esto, por ahora. Caerme de la aurora. Nacer del alba y recordar. Acariciar el lenguaje que pueda devolverte en imágenes, todo lo que somos.

Está sonando la maldita alarma del reloj, al otro lado de mi cama.  Otra vez amanezco temblando, desarraigada. Buscándote sin voz y en llamas. Respiro. Te respiro, mi arquero, el desnudante. Sé que debo calmarme, aún estás en el aire. Eres el aire. Hemos venido a esto. Somos el Ideograma del Amor, desfragmentado.

«Somos la voz y el tiempo en la mirada», dicen.  

¿Sabes?, el alma de tu sueño también tiene dos alas.

 

Como todo alguna vez se me ha hecho sueño…


Como todo alguna vez se me ha hecho sueño, hoy te digo, que esto nuestro no.
Esto nuestro, no es solo un sueño. Ni siquiera es simplemente un cuento de amor. Es una voz. Una voz que está viva y ardiente. Que sigue dentro de mí, que me habla con tu acento y que me dice:

—Estoy aquí, ¡Tómame! Soy yo…

Y te tomo y ya puedo empezar a dormirme serena, mientras tu voz, se acerca o se aleja, o se me pierde en el aire, y ya en mi sueño más profundo, empieza mi viaje a otro lugar…

Allí donde veo esas cosas que después no sé cómo explicar. Que no sé ni siquiera que nombre ponerles, así como tú una vez me contaste, que a ti también te sucedía y me dijiste; que cuando me pasara eso me mirara las manos, porque de ese modo podría saber si todo era auténtico, si estaba en ese mundo de verdad o solo era un invento de mi mente, o de mi sueño.

Entonces, cuando estoy allí miro mis manos. Las veo blancas, sin líneas en las palmas y eso me asusta demasiado y quiero regresar. Miro mis pies y van descalzos por el aire, miro mis brazos, mi piel sin vello, sin lunares, mi cuerpo desnudo… Nada me cubre, soy ligera, no tengo nombre y soy mi nombre de mujer.

No soy de ningún tiempo concreto y soy real, y todo es una senda por la que danzo, sin saber jamás hacia qué lugar viajo.
Veo colores que aquí no existen. Me inundo de un amor que aquí no vive. Lloro de amor por nosotros, pero sin lágrimas. Y al fin lo logro, me despierto. Me caigo de ese cielo, como quien cae en picado desde una cima, hasta lo más hondo de un valle. Y estoy de nuevo, simplemente aquí. Otra vez temblando. Abro los ojos, me levanto. Deambulo a oscuras por la casa, trato de hallar tu voz de nuevo en el silencio y si no la siento, te llamo, y surges a mi encuentro. Te cuelas por mi aliento, regresas a mí. Me cuentas que ese sueño, soy yo. Esa mujer sin tiempo 
y, sin embargo, con tanta senda pendiente.

Y ya no puedo, dejar de pensar en ello. ¡No puedo! Volver a dormirme porque necesito comprenderlo todo. Me siento en mi escritorio, te escribo tal como lo estoy viviendo. Pienso: a quién si no es a ti, puedo contarle todo esto.
Porque ya nadie me comprende, ya nadie quiere creerme cuando les digo,  que tú no eres un sueño. Que existes y vendrás, porque estás en mí desde siempre. Y ahora más que nunca, vuelves a ser la voz que me acompaña.
 
Y ya no quiero, que digan mis amigos; que duermo poco y sueño demasiado despierta. Y que parece mentira, que siga siendo tan optimista. Que nunca te olvide, ni te desquiera. Que siga con mi humor alegre, aunque alguna vez bostece. Porque me tienen harta, de escuchar continuamente la misma retahíla.

Y es que amor, yo no quiero ser esa mujer de senda eterna. No quiero, que se me duerma esta vida, mientras ella vuela o me sueña. Yo no quiero, que se me duerma tu voz en esos silencios tan largos, donde la noche nos separa y viajo a ese lugar.
Por eso escribo tanto, y duermo solamente las horas necesarias. Para que descanse mi cuerpo y no se duerma mi vida. Porque ya dormí mucho de niña, y sé que volveré a hacerlo cuando estés aquí conmigo.
 
Como la primera vez en New York city, que llegábamos casi siempre tarde a los museos, de tan profundo que nos dormíamos, después de hacer el amor, otra vez, de madrugada.  
Como la primera vez de dejar que sí, que la vida nos soñara hasta las tantas por habernos rendido ya a todo, al amarnos de aquella manera. Y con el cuerpo cansado, solo dormíamos descanso sin volar a mundos raros, porque ese amor nuestro, nos amarraba con más fuerza que nada a la tierra y nos hacía olvidar, cualquier otro mundo de alma de aire.
 
Y luego frente al museo, ¿lo recuerdas? Nos hacíamos esas fotos, con pose de «chulitos» delante de la puerta, para que quedase constancia, de que habíamos estado allí, de que al menos, habíamos llegado hasta la puerta.
Para que mis amigos y los tuyos, siempre nos creyeran y supieran que todo entre nosotros era verdad. Para que ni tú ni yo olvidásemos, que todo sigue siempre siendo real. Que nuestras voces internas, están vivas. Nos son fieles, amantes, amigas. Nos acompañan. Nos entregan, aún, cuando estamos así de lejos toda la fuerza. Y solamente la noche y ese mundo paralelo nos desune, cuando mis manos o las tuyas son blancas y sin rallas.

Y yo, lloró de amor y tú, lloras mis lágrimas.
Y vuelvo a ser esa mujer de aire, que solo quiere despertar estar aquí en la tierra. Estar en ti sin senda, para que tú me sientas cerca y el camino sea, andar contigo.

Para que yo te sienta cerca y el camino sea: cualquier lugar del mundo, 

                                                    al que lleguemos juntos.

Mayde Molina
Relatos «mujerdeire»
 

Mujer de aire

Bruno Schmeltz, Artodissey

«Mujer de Aire»

Habías pronunciado mi nombre en sueños.

La noche andaba buscando, las fábulas de aquel antiguo tesoro

que habías guardado, debajo de tu cama,

cuando empezabas a ser un niño esponja, 

acunado por el canto de las sirenas.  

Allí,  habías escuchado por primera vez mi nombre.

Con él, creció inmensa tu sonrisa,

llevó a tus ojos la llovizna de un amor, que aún no conocías.

No habías aprendido todavía a amar,

pero tus ojos brillaban como estrellas en la noche

cuando pensabas en mí…  

«Algún día, será mía…

La mujer del aire y las espumas del mar»

Creciste demasiado rápido,  te habías hecho mayor y seguías tan esponja…

Buscando sueños por el mundo, te habías olvidado de mí

y de la fuerza universal de mi nombre.  

Y yo, había tenido que estar viviendo todo el tiempo sin ti;

en los versos de los poetas, en los lienzos de los pintores,

en la danza de Venus.

Para que el destino no se olvidara de pronunciarme y pudiese seguir existiendo,

como una Mujer de Aire.  

Esta última noche, volviste a decir mi nombre mientras dormías.

Y tuve que salir de cada verso, de cada lienzo, de la noche y el tiempo de los astros.

Y así, volver a acariciarte en tu sueño de amor alado.  

Ahora, ya sabías amar. Habías aprendido muy bien…

Ya podías desdibujarme y volver a crearme entera, entre tus manos.

Ya podías, borrarme de las venas: la mujer de los versos y los poemas, para hacerla realidad, con tu deseo.

Dejaste en mi blanca desnudez, tus besos.

Se tiñeron tus labios de rojo, besando los míos.

Me dejaste en el vientre, el frescor y la delicia de las espumas del atlántico.

Y yo, respiraba de tu cuerpo mientras tú entrabas en mí

consciente de que ya, nunca podrías olvidarme.

Consciente, de que tal vez algún día

yo volvería a ser del aire y  tú, del océano.

Stephen L. Haynes

He despertado esta noche, entrelazada a tu sueño.

He despertado, con los cabellos rojos

como el color de mis labios y de tu fuego.

He despertado, con las palabras al viento

y una manta de flores, cubriendo mi deseo.

Ahora sé, que no debo tener miedo de nada.

Ni siquiera, de tus labios cuando me pronuncien.

Ni siquiera, de mi incendio cuando me deje desnuda

para que tú, me tengas:

Mujer de Aire y Fuego

“Somos los que arden”

Puesta de sol en Puigsagordi

«Nosotros somos los que arden, los que, por el deseo de arder, renuncian al Agua de la Vida y van en busca del Fuego»

Yalal ad-Din Muhammad, Rumi

EL FUEGO 
 
Yo solo soy, lo que ha pedido el fuego 
lo que me ha escrito el fuego, 

lo que ha dejado intacto y me ha dictado  
en ascua viva el fuego 
Aquel que corre por mi sangre, que quema mis corazas 
y abre la entraña en mí. 
Bebe de mis pupilas, propulsa el huracán  
que me ha estado lanzando contra ti. 
Apenas te medí contra mis fuerzas… 
Y hoy, que lágrima en la sal me he herido: 
me destituyo de amarte 
y aquí, en lo desnudo, me visto con el verso 
y vuelvo a reiterarme 
en la aprendiz eterna del amor. 
 
Yo, siempre voy a ir donde el amor me lleve 
No me verás de nieve ante tus ojos 
No me verás intacta, sin llamas en el pecho 
Si no amor: Yo no 
Si no amor, no me propulsan mis alas 
Ya no verbo ni verso por ti, si no amor 
Ya no busco motivos 
Ya no creo que en ti 
Si no amor en ti… 

Esta noche parece…

Luna y Venus

Esta noche parece, como si la certeza se abrazase a un solo árbol
Como si al sauce y al viento les uniese un mismo reproche…
Como si al enfrentarnos
ya no pudiésemos leernos fuego ígneo en los ojos
y estos versos no fuesen ya míos
ni este incendio mío y solo te encontrase
dormido en los instantes

Esta noche parece como si al separarnos, hubieses construido tú el abismo que vino a enmudecernos. Y yo solo escuchase los átomos en vela de la noche que, como viejos recuerdos, me llevaban a añorarte. Y te soñaba grande, como si tú también pudieses soñarme y mi soledad hubiese sido distinta y tan valiente, que jamás me mintiese y me enseñase a andar lenta y descalza, o a volar alto y segura de mí misma.

Esta noche, voy de vuelta con los rotos. Como en cada luna llena que me derramó de espera. Nunca llegué a comprender si acaso fue tu niñez, o aquella loba hermana que —del trueno sobre el trueno— zigzageó en mi rostro el ritmo y la cadencia de la lluvia. La que siempre fui sin ti, en todo lo trazado. Porque llorarte fue algo tan fructífero, que hice del vendaval de mi ira otro lenguaje. Con él,   llegó la sal de las palabras como una antigua y sabia medicina que se vertía en mí.

Y dime, ¿tú qué hiciste?
¿Acaso no tuviste alguna vez un halcón entre tus manos y lo lanzaste a volar, lejísimos de ti?

Tú, que nunca comprendiste que yo era Lady Halcón  volando errante, sin saber ponerle un tiempo a mi dejar de amarte. Por eso, he muerto y renacido tantas veces, sin cuerpo y en mis alas, o en brazos de la lluvia, tendida sobre el bosque.

Y ahora que ha pasado tanto tiempo, puedo decir con certeza: que no me perteneces y no te pertenezco. Que aquel amor nos hizo libres y, tal vez, nos enseñó a ser algo mejores en las nacientes vidas que el futuro nos llame a vivir, si es que existe otro tiempo más allá del ahora…


Sé, que tardaré una noche en blanco, como un mundo inhabitado u otra luna entera, viajando como Venus en este cuerpo de aire, que ya no escribe duelos.
Sé, que viajaré hasta que la aurora regrese y me constele, viajaré. Hasta que el lucero del alba me honre al pronunciarme y sea yo devuelta, como un faro encendido, a la Tierra del Hombre.

Sé, que ¡ya he volado!
Sin límite, ni hogar, fui casi un ave libre.

Quise escribir para vivir a esta mujer que sabe sostenerme y que ahora comprende que contigo,  solo elegía un camino donde la hiedra trepaba sin dejar de enrramarse a mis cortezas de sauce.
Una senda donde amarte, me abrió siempre en dos mitades:

La mía. La que soy y me habita. La que enraízo en mis pasos, mientras danzo, entre el Cielo y la Tierra.

O la tuya, la del Aire. La que fui. La que era. Inocente y etérea, pero sin huellas.

Para aprender a volar, se necesita…

Para aprender a volar, se necesitan raíces antes que alas…

 Un día, aquel que estaba a punto de marcharse vino y me dijo:

“Quiero ser libre y volar…

Y sé, que para poder a hacerlo… Se necesita un ángel o una mujer de aire.

Pero hay que darles algo a cambio y yo, aún no tengo nada que ofrecer”


Entonces me dio un beso y se marchó. Tan solo se giró, cuando empecé a gritarle:

Para aprender a volar, primero necesitas: ¡Tener raíces!

Saber de dónde vienes y a dónde quieres llegar.

Y amar tu libertad. Ansiar tu libertad. Buscar tu libertad…

Para poder construirla al detalle, como un mago en el aire.

Soñarla grande y rauda. Latirla, lucharla…

y ¡Vivirla! 

¡Gozar tu libertad para salvarla!

Para aprender a volar, necesitas también de tu palabra.

Hacer del corazón el verbo y el oficio.

Y tener un sueño a cuerpo abierto, que resista contigo el minutero…

Un sueño que te dibuje a ti mismo, que te derrame el anhelo entre la piel y la sangre.

Para aprender a volar debes ansiar:

Ser y no ser de nada, ni de nadie…

¡ Ser, simplemente y vivir!

¡ Ser y apalabrarte!

Gritar muy fuerte contra el viento: ¡Soy del aire…! 

Y ser aire y volar sin detenerte, sin tener patria propia,

sin dormirte en la aurora, sin cohibir tu horizonte.

Sentir tus alas contra el viento del Norte, sanando todo cuanto Eres…

Tu esencia, tu linaje, hallar la fuerza y el don de tus raíces…

Amarte y bendecirte.

Y después, si es un día quieres…

Regresas a mi casa, sin techo ni paredes. 

Y dejas que tu amor sea libre y del sueño que se vive,

que sea un gran guerrero y nos pelee, ya sin egos, ni temores.

Que atrinchere su verbo en nuestras noches del hambre.

Que conozca el insomnio por su nombre y resuma en el tiempo sus razones… 


Que te haga vivirte y vivirme

aprendiendo a vibrar lo que somos

Que se asome a tu brillo y se nombre leyenda

en tus ojos de infancia o en mi risa del agua

Que me obligue y te obligue a doblarnos ante él

¡Qué no pueda culparnos de errores cometidos!

Que libere los cinco sentidos y logre Re-Inventar-Nos

Bajar a los infiernos si hace falta…

Volcarse hacia el abismo para domar

las bestias y las sombras

Desvestir una a una la herida,

sentirse en la marea de la vida,

amando, verde corazón de jungla viva

Ser el chamán y la selva

Y amar en esta Tierra, para volar desnudos…

¡Amar, para Volar!


Puesta de sol en Jaislmair, en Rajasthan


Le pedí demasiado… Me dijo un «¡Hasta siempre!» Giró su rostro y se marchó.

Lo fui perdiendo en la distancia…

Y entonces me quedé, viviendo alada en mi sueño… 

No sé, ni cuanto tiempo transcurrió.

Tal vez pasaron décadas, tal vez vidas enteras…

Pero un día, por fin… volví a saber de él.

Se había hecho un gran guerrero. ¡Abrió su corazón-desnudo, al Sol!

Bebió de sus nostalgias. ¡Se izó a la mar!

Le dio la sal de sus lágrimas, la fe de sus palabras.

¡Volooooó!

Dejó una línea de azul insostenible, quebrando el horizonte.       

Quiso insolarse a cielo abierto; soñarse en el delirio, 

saber que estaba vivo, latiendo con su sueño corriendo por la sangre.

Iba desnudo como un Ícaro, volando bajo un Sol de medianoche.

¡Se derritió!

Y, al fin se construyó… Como un Ave de Luz que había aprendido a amarse…

Pudo encontrarse y encontrarme: 

en otro nuevo mundo, en otro inmenso océano…

¡Entre Venus y el Sueño del Aire!

Pudo volver y redimirnos.

Decirme a grito limpio y con la mano abierta sobre el pecho:  

¡Qué ya era el nuevo sueño para el hombre! 

Entonces, yo… ¡Temblé!

¡Me hice tan pequeña entre sus brazos, que mi amor fue un gigante!

Mi corazón tuvo vértigo, por un momento eterno…

¡Volvió a temer el dolor!

Pero ya no había razón para el temor. Ya no.

Porque él, había aprendido a hacer su corazón de vivo fuego…

¡Como un hombre del viento, como un hijo de Orión!


Se amó. Me amó. Nos redimimos. Pudo creer en él mismo y en mí… 

Pudo sentir que era Aire, era Fuego, era Agua, era Tierra, era Libre, era Dios…

Como yo misma lo fui.

मै तुम्हे हमेशा प्यार करूंगा

Pudo sonreírme y sentir. Mirarme y desnudarse para mostrar sus alas. 

Jugar a ser mi espejo eternamente, ahora que tenía la cosa más hermosa que ofrecerme :  

el don para sumar las propias Libertades

la fe para poder:

recomenzar el Aire



Imagen de Santa Batuhtina-Banga, en Pintarest 

Quédate en casa_Día_27_ un cuento-Poema

El hombre del Sol

¿Lo ves?

Vuelve a cambiar la estación

Y mi voz;

destila las notas de un No tiempo

en que la tierra, vuelve a estar preparada para recibir el agua

y también la sed de mi nostalgia

Y yo camino por ella,  buscando cualquier recuerdo

 que me lleve otra vez hacia aquel sueño

donde no tenga que sentir, que pienso en ti a cada momento

Y me mire las manos vacías y me mire la frente, al espejo

y aún lo vea allí prendido

a aquel Sol que tú me enseñaste

cómo ponerme por dentro.

Pero a ti ya no encontrarte, porque cada vez

que te he buscado

te has ido yendo más y más lejos.

Y ahora vuelvo a estar descalza y sin paz en el alma

Y sé que vuelvo a tener la edad misma que el mundo

Que de tanto rodar y volar por él

también tengo, como tú:

la fe dormida o cansada.

Y un día, caminaba al amanecer

por la arena de aquella playa y te vi allí sentado

mirando absorto al Sol…

Y tú, tal vez no lo recuerdas, pero me dijiste:

“A él le gusta que lo miren, ¿Sabes?

Que el hombre goce

de llevarlo dentro mismo de su cuerpo

y yo lo he hecho y quiero

 que tú también lo hagas, niña mía.

Porque ahora, ya sé con certeza

que el Sol debe llevarse dentro de nuestra sangre

y así la sangre sea el fuego

que nos rebose en los poemas

que aún tendremos que escribirnos,

cada vez que no estemos, así, tan cerca el uno del otro.

Y si tú sientes que el Sol se encuentra a gusto en ti, amor,

no permitas nunca que se vaya

porque hay muchos hombres y mujeres que lo pierden

y van muriendo un poco, cada día,

sin darse apenas cuenta.

Tú, llévalo siempre en el corazón y tras tu frente

Y así, cuando yo esté perdido y no me encuentre

podré volver a encontrarme y a encontrarte.

Yo también lo dejaré por siempre dentro de mi corazón y en mi frente

para que así; cuando seas tú la que esté perdida y tengas miedo

sepas que mi Sol estará por siempre esperándote

para fundirse con el fuego y la luz del tuyo”

Aquel día, antes de que llegase el momento,

en que nos separásemos de nuevo durante muchísimo tiempo

El hombre del Sol, me había besado apasionadamente en los labios

y yo,  ya nunca pude olvidarme de aquel beso

ni del placer infinito de nuestros Soles desnudos

Amándose.

Y he escrito mucho, ¡Lo juro!

Que he escrito mucho, desde entonces.

Y ahora que desde el sueño me llega otra vez el recuerdo,

Siento: que se me ha quedado dormido el Sol

por dentro y también, un poco, la esperanza.

Y ya no estoy bastante segura,

de que me quede suficiente fuego en la sangre

para seguir dejándome la voz y el corazón,

en las palabras.

Mientras te sigo buscando descalza, a ti, hombre del Sol

Aquí, perdida en el mundo

Imagen tomada después del Sungazing,
desde la terraza de mi edificio en Horta-Guinardó


Zbigniew Preisner soundtrack – Dekalog V / Kieslowski Krzysztof