Día 6, December. “Estrella de Belén”

imagen mujer

Estrella de Belén 

Hubiese necesitado tanto aliento

tanto puño a golpe de pecho

tanto boca a boca

o acaso un ejército entero de salvación

para arrancarme el aire a la intemperie

y que las lágrimas brotasen de mis ojos

del espejismo roto

de la jaula de adentro

de la mentira dentro

del níveo temblor sobre el asfalto

 

Hubiese preferido cualquier contagio:

un cáncer

un balazo certero en la cabeza

en la raíz nociva

del pensamiento

de ti

repetitivo y vano

ruin

doblando las mentiras

como cuerpos con vida

sobre nuestros días

 

Hubiese necesitado no tener que escribir

jamás de los jamases

la sierpe de tus noes

la cobardía de tus labios al otro lado del teléfono

lo inútil del fantoche y de mi aullido

tu voz como de duelo

y la excusa más vacía de todo el basto mundo

sobre la piel y la arena

de tus perfectas mentiras

 

Hubiese preferido una huida tras otra

tras otra

tras otra

una convalecencia en cama

ante tus daños

y toda tu soledad

jamás por mí amada

ni jamás derramada sobre mí

 

Hubiese preferido

que hubieses violado la niñez

de mi esperanza

otro mes

y no el puto diciembre

siempre diciembre

 

O que hubieses entrado como un vándalo

invadiendo otra casa

y no mi corazón de mimbre

 

Hubiese preferido a un hombre

como los de antes

como los de verdaderamente Hombres

valientes y consecuentes con la vida

y los valores que la entrañan

Con las manos capaces de ganar o perder

con las manos capaces de querer y poder

con la nobleza de amar a una mujer

y por ella:

salvarse de sí mismo en los abismos

 

Un hombre como los de antes

entero

con el valor de enterrar

la historia de un amor

antes de su devastación

 

Hubiese preferido amarte sin excederme nunca

y que tú me hubieses ganado

también en eso la batalla

Que hubieses llegado para arrancar de mí

la jaula del cansancio

la piel de los poemas

la imperfección

las cometas

la simpleza del aire

 

Todo eso hubiese preferido

y la SOLEDAD en mayúsculas

y sobre ella

la sed de las acacias

 

Pero sobre todas las cosas

ahora

hubiese preferido

no haberte preferido nunca

no haber tenido que elegirte nunca

para cometer la culpa

de haber envejecido trescientos o más años

mi fe en el hombre

después de ti

 

Hubiese soportado a cambio

el pavor absoluto de este mundo

el páramo feroz de la mansa tristeza

Hubiese preferido lo ignoto y la locura

que cerrar estos versos

vaciándome de ti

por todos

los diciembres

que me diste

estrella
La “Estrella de Belén” es la esencia floral del Dr. Bach que se utiliza en los duelos

Día 5, December. “Las cosas buenas y sus ojos”

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Todas las cosas buenas alguien decidió un día pintarlas de azul. El mar, el cielo, la sangre de los reyes, las plumas de los pájaros del paraíso, el vestido de la cenicienta transformada en doncella, los ojos de los querubines, el príncipe que ha de rescatar a cualquier mujer, los pitufos, la habitación de un niño que todavía no ha nacido. A partir de ahora quiero que tus ganas de verme sean azules, y que tus miedos y tus esperanzas ya no sean verdes nunca más, sino también azules. Lo único que no quiero que cambie su color son la pasión y tus ojos.

La pasión la necesito roja, como la lava, como la sangre, como todas las cosas que nunca pueden quedarse quietas. Y tus ojos, los quiero negros, como la noche, como la muerte, como todas las cosas que nos llenan de inquietantes silencios.

 “Un mar de azul” Fragmento de: “La hora bruja” de Silvia Manzana

 Día 5, December. “Las cosas buenas y sus ojos”

Hoy es el día 5 de este insólito diciembre y ayer fueron sus ojos.
Hay un principio, un prolegómeno en sus ojos. Y hay veces; en que sus ojos me miran como si se quisieran atreverse  a mí, pero después sus gestos nunca le acompañan.  Lleva una leyenda abierta tras los ojos. Una sombra, una duda , un equilibrio. Una ternura añil, que parece ser proclamada como en primera persona detrás de toda esa rudeza con que se adorna y se ofrece y en la que tantas veces yo, me aflijo.
Vive una literatura entera tras sus ojos. Una, que no sé si alguna vez aprenderé a leer o a transcribir. Porque en sus hay ojos una ciclotimia y lo vivo de la herida tras la angustia. El niño por la culpa de la angustia. Pero por encima de eso, existe un sus ojos un todo, un “víveme” , un ángel y un motivo.

Un precipicio, al margen de la primera noche que vi encendidos sus ojos.

Ahora escribo esto porque sé que él no me lee y ni siquiera sabe que estoy tratando de huir del hombre, para salvarme solísima en este tercer diciembre. Es mucho mejor así, a pesar de sus ojos de ayer y de que tal vez  ya no esté a tiempo ni para intentarlo, ni para huir de sus ojos.

Hay un paradigma y un secreto en ellos. El alma del preludio. La tez de la nobleza. La exactitud arrolladora del principio del vértigo. Y a mí,  me va inquietando todo ese fuego sobre fuego.  Ese abismo del negro sobre el negro  y el mundo de duales que abarcan sus pestañas.

Hay un territorio oscuro, casi virgen, puro. Una patria tan libre como herida,  que el mundo no comprende y yo:  anhelo recorrer. Pero sobre eso, en sus ojos hay un camino, un sentimiento fino y un vestigio. Y ese precipicio hacia el instinto. Ese principio de él…

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Deciros que hoy me ha ido muy bien en el Slam de Hospitalet.  Y que a estas alturas, me sé una mujer valiente. Consecuente con lo que decido.  Soy: esta soledad que ahora elijo para caminar mi fuerza y mi equilibrio.
Seguiré en el avance por este febril diciembre, salvándome del mundo a toda costa, a pesar de sus ojos y el calor que desprende este instinto…

Este principio o precipicio de él.

Día 4, December. “Inanición y riesgo”

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El Dios del arrozal

No conozco el tiempo bobo.

No me aburro, ni me lloran los ojos.

No es preciso llorar para estar vivo.

Nadie recuerda el día de mi nacimiento

y sin embargo, nace un día tras otro sobre mí.

Siempre soy la misma senda en tu camino

Y mi hombro sobre tu hombro.

Soy una mujer de las antiguas;

la que cocina en tus días y sueña bien poquito.

Le pongo cobijas a tu sombra de paz mientras descansas.

Tú caminas delante, yo siempre voy detrás.

Las hijas de esta tierra; todas las nuestras,

aquellas que son como mi madre van conmigo.

 Aquí nadie se queja. Hay que labrar y sembrar.

Llevar la luz al grano sobre los campos.

Rezar todas las noches al Dios del arrozal.

Porque aquí hay tanta gente, con hijos, padres, nietos

¡Muertos-Vivos-Muertos!

Tantos hombres con caminos que viran y casi siempre regresan

al mismo lugar del entrepecho para que uno sepa:

que aún le queda corazón por dentro.

Y yo, camino detrás tuyo y nunca lloro.

Porque mi hombro se apoya sobre tu hombro.

Pero alguna vez es él,

el Dios del arrozal

el que lleva la lluvia hasta mis ojos.

Poema publicado en el blog “mujer de aire”

Día 4, December. “Inanición y riesgo”

Pedirle otro destino a la palabra y no encontrar la fuerza. No encontrar la calma. No poder remitir del cansancio. Ni poder sopesar todavía, hacia qué lado se inclina la balanza. Y no poder escribirse en el hueco del pecho, ni siquiera en el frío paisaje de la noche. No estar por no ser nada. Por una nada ser solamente un no Ser. Cerrar los ojos para asistir a la vida y respirarle bocanadas de aire, que como hielo, desgarran los pulmones y siguen congelando la herida sobre los días.

Haber asistido al precipicio. Y ser porque sientes el témpano del menos cero grados. Sobrevivir, porque mueres en la piel de otra mujer. Porque viviste dentro de un cuerpo con una tez de sombra. Porque viviste en una historia que no podías borrar de tu memoria de error y sólo le dictabas al latido sumisión.

Inanición y riesgo. Morir sólo por dentro, habiendo constatado que el amor jamás te matará por fuera.

Golpea y golpea.

Pero tú… no vuelvas a decir nunca más que esa mierda que dabas era amor.

“Te amaré por los siglos de los siglos” _ amén lo firmo

Y mentira sobre mentira, te abrasaré en los siglos.

Y yo, no poder sopesar aún la balanza. La ira contra la ausencia.

Pero sé que  conocí, o mejor dicho viví en la piel de una mujer transocéanica. Una mujer hermosa y soñadora. Romántica e intrépida. Una mujer sin accidentes, de sólo 36 y tan valiente: como para atreverse a cruzar continentes para estrellarse en ti.

Inanición y riesgo. Sopeso en la balanza: a ella ya no la tengo, pero me tengo a mí. Y en mi “ahora” contengo todo el verbo y el valor del error cognitivo. Y ahora, una vez más, la fiebre de un diciembre de aullido pidiéndome que vuelva a cometer en mí: la pura vida.

Un Diciembre pidiendo: que me escriba en el aire y lo haga sin ella. Pidiendo: ¡Qué me inscriba en la tierra! ¡Qué vuelva a ser la vida! ¡Qué vuelva a ser el ala! ¡La rama y la poesía!

Qué me escriba en el aire y que me viva: sin ti.

Día 3, December “Sin papeles”

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Paisajes

Nos hemos llenado de paisajes.

De tanto contemplarlos se han quedado

y ahora forman parte de lo nuestro.

Dormimos la paciencia entre los dedos.

La ausencia se hace eterna.

La ternura es un río indomable

que siempre nos desborda

en el mismo territorio de la sangre.

Las islas del recuerdo me siguen envolviendo

en medio de la noche entre tus brazos.

Nos hemos llenado de propósitos,

de besos y te quieros que viajan libremente

de tu ciudad a la mía.

Y ahora que el verano se desprende

que vuelve a ser septiembre

como la primera vez que el tiempo

paraba en nuestros labios.

Quiero pensar que ya no falta demasiado

y que al fin habremos conquistado

todos los paisajes.

Que no será preciso imaginarlos,

vivirlos en nosotros cuando cerremos los ojos.

Que tú estarás aquí, desnudo de motivos

y todos los instantes serán nuestros.

3 de septiembre de 2011,  publicado en “mujer de aire”

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3 de diciembre. “ Sin papeles”

Esto no es un diario. No es tampoco una bitácora de a bordo. Nunca tuve la constancia de escribir una bitácora. De cumplir día tras día con un orden preciso de sucesos. Pero ahora vuelve a ser diciembre y cuando al fin terminé,  yo; te habré sobrevivido después de tres diciembres y eso, sí que vale la pena escribirlo. Aquí en esta casa nueva, que tengo puesta en el aire. Un hogar limpio,  donde poner en fila las palabras. Un espacio real, porque ya no vive en él ni la muchacha de la piel, ni la mujer del sueño. Sólo esta certeza. Este nuevo paisaje donde mis miedos empiezan a ser mis puedos y mis tristezas  “cometas de emergencia” hacia la vida.

No somos nada “sin papeles”. Si no estamos escritos, no existimos. Y hoy  tengo un recuerdo, una imagen viva en la memoria: la del primer diciembre y el fuego. La del vacío en el pecho y la mano temblando llenísima de papeles. Y después… el fogón de la cocina repleto de cenizas. Mis ojos con el agua y la rabia frente al polvo y todas las cenizas de paisajes y papeles que hablaban de nosotros.

En mí país no existes porque ningún papel habla de ti y esto; solo está siendo escrito  en el aire. Ahora tú también eres aire sobre un paisaje de diciembre.  Aquí ya no tienes ninguna imagen. Eres solamente, el tantísimo frío del aire que yo venceré con fuego.

Día 3: avanzaré. Lo juro, que avanzaré. Será un diciembre sin piel. Sin nadie. Será una soledad de fuego y ningún hombre-niño absurdo y hambriento recorrerá una vez más tu inexistencia.

Mi casa huele a incienso. Mi corazón existe porque huele a sangre y aunque tropiece, habla. Pero nosotros ya no somos nada sin papeles. En mi país, no existes. Yo nunca fui tuya. De nuestra historia: solo quiero el fogón que asistió a las cenizas sobre el tercer día, del primer diciembre.

Nunca fueron nuestros los paisajes.

*Imagen Río Tomebamba en Cuenca de Azuay

Día 2, December. “Un ángel”

Un poema de Marwan de su libro: “La triste historia de tu cuerpo sobre el mío”

 Casi

Un álbum de cromos inacabado.

El gol que no marcó Pelé.

Una noche de ensueño que acaba sin un te llamaré.

La flor exacta de un cactus.

Mirar el mar a través del cristal.

Que coincidan con el tuyo cuatro

De los cinco números de la lotería.

Una playa artificial.

Escribir la palabra todo

y tirar de la cadena para que al final

nos quedara la palabra casi.

En eso consistió nuestra historia.

Día 2, December

No volveré a escribir tu nombre. Sólo sé que es Diciembre y voy a sobrevivir.

Esta es “La triste historia de tu cuerpo sobre el mío” o mejor podríamos decir:

“La triste historia de tu amor sobre el mío”

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Cuando empieza un amor, se nos concede un ángel. Así es.

Justo cuando empieza una historia de amor, tenemos a nuestro lado un ángel. Él  es quien “abre la puerta” al amor. Quien muestra las paredes de la casa; si quedaron humedades, o algún que otro desperfecto tras la estancia del último huésped. Es el ángel el que conduce al amor para mostrarle bien todos los rincones. Le enseña dónde se encuentran los puntos frágiles; en qué lugar quedaron daños y cómo ahí, precisamente por eso, debe ser más delicado y entrar con más suavidad en ese nuevo corazón.

Y así es como las paredes del corazón de cada uno de los amantes, son “mostradas” al amor por el ángel para que todo empiece mejor.

En nuestra historia de amor, tuvimos solamente un ángel ciego. Un ángel tan ciego como el propio amor.

En nuestra historia de amor: el ángel fui yo.

Día 1, December

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Día 1

No volver a abrir la puerta a aquel Diciembre. No a que vuelva a temblar en mi raíz, el rigor de aquella muerte. No a que pueda yo volver a intentar jamás arrancarte de mí: Salvaje, ni en la mentira, ni en el jirón de otro hombre. Quiero que deje de herirme en esta piel diciembre, porque tú ya no existes y ya no he de arrancarte. Nunca volveré a volar al otro lado del océano. Y nunca regresó tu nombre. Sólo una daga en el pecho y el silencio mordaz de los aullidos. La jauría humana. El bocado de la bestia sobre el vientre. La nieve sobre la sangre helada. La herida siempre y siempre coagulándose. Y la niña muerta sobre el trigo.
El 22 de Diciembre de un año maldito… y cuando llegue éste, lo juro frente al dios de los mayores: el fin de todos mis lutos, por ti. Me vestiré de rojo como la sangre, porque a mí me engendraron en tierra de olivares. Soy la mujer de la rama. La del viejo tronco caído y sus anillos de árbol  contando más de mí  que las líneas de mi propia mano. Ya he sido el error de la costilla. La que soñaba, que tú. La niña muerta por el amor funesto, que tú.  Las cenizas en la tierra de la mujer de aire. Para siempre y “for ever”; sus cenizas en la tierra, de la misma manera que tú pronunciabas frente a mi rostro el “for ever”.
Y como en la jaula preámbulo de la muerte: el putísimo insomnio. La habitación azul de mis hijos, en la que lloro sentada sobre el suelo. Sentada sobre el duelo del útero. Lloro, porque soy una cáscara y ya no podré ser nunca más una rebelde. Soy una sonámbula que está velando la noche que nunca acaba. Velo la sangre, mientras mis hijos respiran y el mundo sigue dejándome desnuda y herida contra la nieve.  He tomado pastillas para tratar de existir, sólo por ellos. Me he tomado las del bote correcto, sólo por ellos. 6 meses enteritos seguidos, sólo por ellos. La noche en Barcelona, no tiene silencios. Mis niños hablan en sus sueños…
Mis niños, que fueron mis ángeles. Ellos me arrancaban de mi muerte porque Diciembre debía ser Navidad, aunque mamá estuviese flaca y tan triste.
Nadie va a quererme después de leer esto. Y yo; quedaré para siempre a salvo de volver a tener que elegir el bote correcto. Quedaré por siempre a salvo del hombre-hambre y daga. Pido perdón al Dios de los mayores. Al Dios de las palabras. A la niña muerta. A la mujer de aire. A mi madre, que lloraba por mí todas las noches. También a ti, que no pudiste amarme por encima de tu niño muerto y sólo me utilizabas para intentar tenderle un puente a otra muerte.
Las palabras se escriben en mí, porque ahora me he pedido ser una cometa en la mujer que sana. Soy otra mujer en la que sana. Las flores me van sanando y ahora soy una mujer al viento, sin miedo al hombre ni a la muerte. El olivo me ha sanado y me ha lavado el cansancio. Soy otra mujer: esta mujer adulta a la que nadie que pueda parecerse a ti, va a atreverse a querer ni a herir, así; sin niña mía. Ningún gris, me volverá a rasgar el color sin niña mía.
Las palabras se escriben en mí porque es diciembre y también porque ahora aprendo que la vida es efímera y a veces;  la niña mira desde el desierto y habla. Me cuenta en su diálogo: que el jade nunca muere.
Como decía mi abuela: la vestiré de rojo como a la sangre viva. La vestiré de rosa como a la flor del corazón y al cuarzo. Le llevaremos flores lindas a las cenizas de la mujer de aire.
Iremos juntas al cementerio de los pájaros. Y tú, ya nunca más serás aquí;  ni en mí,  ni en ella diciembre.

Las palabras se escriben en mí;

691 palabras escritas, para que tú no puedas ser nunca más en mí: Diciembre

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Motivos para el rojo de los labios…

Pintarse la boca de rojo, la bien verdad de rojo, la sed blanca de rojo.

Y así que el rojo de los labios, sea portal del corazón rojísimo…

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Ahora vivo en esta boca roja y tan frontera. Perfilo los motivos y a veces; deliro en el carmín y ya no puedo, ni quiero desarraigarme del rojo.

Conocer la medicina oriental me ha enseñado a protegerme. Ahora sé; que cada color tutela el equilibrio de un órgano y que el rojo siempre ha sido amparo del corazón del hombre. Por eso he aprendido a elegir y a pintarme de rojo los labios. A llevar una sonrisa roja sobre los días de lluvia y a vivir en la locura de derramar tinta o verbo rojo sobre todo lo que escribo.

He aprendido a latir sólo y sencillamente por el rojo, para ser justa con el mundo. Para que el hombre comprenda que soy una rebelde y que vivo protegida y que hoy por hoy; aprendo a “amar entre comillas”.  Quiero decir; a salvo, como nunca, de la devastación y el incendio y el cansancio. Con la inocencia más sabia o más traviesa, tras la herida o tras los años. Con la intuición y el equilibrio y la pasión justa del rojo.

Y sé que nunca te lo he dicho, porque te he quiero solamente “entre comillas” … No por encima de todo. No por encima de mí. No en la persistencia, ni en la ausencia, ni en la falta de respuesta. Pero sobretodo: no en lo absurdo, ni por encima del rojo.

Y  es así, porque no queda otra opción. Porque aún no te atreves, tú al rojo vivo ni a la vida que llega y golpea en tu puerta. Ni a estar fuera de ti después del animal herido. Y podrías muy bien, ser o haber sido, si no fueses en esto como un proyecto del sueño de ti mismo, como una letanía, como un ¡ay ,todavía…  un ay! Si no fueses acaso un laberinto de pecho contra aullido, un paradigma del yo mismo en el tú de las horas y el alma de la duda los días del cansancio. Porque insistes en ser y no ser,  en seguir viviendo en cautiverio bailando con las máscaras del tiempo y creerte en lo distante, a salvo y tan dichoso.

Y yo te sigo queriendo, así : “entre comillas” y lo hago  sólo porque una vez te atreviste a mirarme a los ojos y yo te hubiese dado un beso para tacharnos todas las comillas y empezar una emoción a juego con el rojo.

Para dejar de pintarme la boca, rojísimo portal del corazón. O para dejar de buscar tu rojo en otros labios, mientras  tú; asumes que los grises del silencio te mantendrán a salvo de los que latimos vivo el rojo, o llevamos los labios pintados y gritamos que somos rebeldes…

Para siempre, “entre comillas”…

Hasta que el amor desborde:   en vivo el  Rojo. 

Hace friísimo…

Janice Urnstein Weissman (3)


Tiempo de esquina y párate. De hogar y recogida. Y la voz que vuelve al mundo, al templo que respira hacia adentro. Tiempo de otoño y pulso. De abrazarse o huir de la piel del abrazo.
Tiempo de “hace friísimo”, después de tanta lluvia.
He gritado como un liquen que nace a agarrar la piedra. Y aquí, en este frío tan friísimo: ya nadie me escucha.
Qué pequeña la furia, la esfera que gobierna las bondades. Qué rojo el corazón recién zurcido. La rémora del equívoco. El vientre del latido.
Sé que sólo soy lo que camino, lo que he esperado en sueños. Los restos del incendio. Esta pequeña isla, de flor sobre ceniza, que gobierno.
Y todo este friísimo, cuando me abarque el invierno pero tú no me abraces.
La misma soledad que toman dos caminos que se cruzan. El liquen sobre la piedra o el miedo sobre la duda.

Si supieras por qué te he llamado inhóspito, por qué madeja sobre madeja ya casi me has vencido, si supieras por qué te he nombrado: la sed y el límite. O por qué aún, susurro a otros caminos que a ti; te espero y te espero, mientras vestida de quietud me van a dar las diez, las doce, las cien, las uvas.
Pero vestida de quietud, también resumo. Si ya no vas a estar: dame un beso y despídete.
Aléjate y no mires hacia mí.  Mira sólo hacia adentro. Protégete. Contempla siempre el verde y cúrate. Porque yo; caminaré otra vez desnuda por diciembre.
Con esta voz de amor; me empezaré otro sueño, otro abrigo, otra isla, otro límite.
Me agarraré a otro cuerpo, como liquen

y tú, tal vez

también

sabrás

lo que es

friísimo

*Imagen: Janice Ursten Weissman

Combato a una mujer

muejresmanos

Combato a una mujer que me combate.

En una va mi sangre, en la otra sé:

que voy a morir un día.

Primero es la que cimbrea.

La piel que se me inyecta en cada amanecer

para victoria.

La de salir al mundo a golpe de palabra.

La de la sal y la herida.

La de la llama y la furia viva.

La que dicta, avala y se equivoca.

La de la vida por causa, contra la guerra.

La de la fuerza y el ego y el puedo porque soy.

La del error y el cansancio. La del orden y el caos.

La del puto vértigo  por el amor a ciegas.

La otra es solamente una cometa. Una mujer de viento y colisiones.

Es la que se instala y trepana porque carece de verso y de renglones.

Es la que susurra que no me reconoce.

La que me inhala y lleva un alma blanca que contempla

mis sombras.

Ella es la que en el amor se reina. La que se sabe diosa.

La que no se confiesa porque lleva diez vidas al sol.

Ella es la que deseo. La que fluye. La auténtica. La verdadera.

A la que aún no me atrevo porque la nombro y me borra.

Es la que llora por mí y por ti.

La que para sobrevivir en mí jadea.

Escribir… (Texto contra la violencia de género)

02-Soledad

Escribir y alzar un cortafuegos. 

Una boca de incendio que te salve.

Escribir, bajar hasta el mismísimo infierno. Morder cuneta y labio. Y escribir, para morir o vivir con tinta china y sangre. 

Escribir para decir, que hoy al fin te sobrevivo y que es cierto: “El amor nunca te mata” 

Te teje y te hace fuerte y despiertas un día y te lo arrancas. 

Escribir, vivir dentro del tronco de un olmo y salir solamente a la intemperie para tatuarse en el pecho: causa y efecto. Y así que lean y comprendan; que siempre acabo sobreviviendo y que en este mundo de ciegos jamás los impostores vencieron a los nobles. 

Escribir.

Escribir, para uno mismo. Relatarse o reinventarse y volver a construirse palmo a palmo, lenguaje a lenguaje.

Escribir y tener verbos de sangre que te salven del hambre del hombre ruin. Que siempre pueda decir: “me desmiembro de todos los tristes” 

Me desmiembro y elijo: quedarme con mis rotos y volver a empezar como si la vida fuese simple y no hubiese peligro alguno en el amor. 

Escribir para vivirlo y que el amor sea escrito para darle la vuelta si es preciso.

Escribir desde adentro y hallar un patrimonio entre la mano y el pecho. 

Saber que he estado rimando obsoletos para arrancarte de mí…

Obsoleto el recuerdo; tu tristeza de mundo derramada en mis pechos, tu mentira en mi trigo, tu peligro en mi fin, tu abandono en mi herida, todo selló obsoleto. 

Y sí, sí, sí…

¡Sobrevivo! Para seguir escribiendo y decir:

Que fuiste tú quien perdió. Que trepaste el descenso y bajaste de mi amor. 

Perdieron tus ejércitos la fuerza de mis lágrimas.         No importa dónde estés, no importa dónde vayas, no importa lo que hagas…

Pues yo sigo escribiendo y vuelvo a volar lento, porque volar tampoco es tan seguro y apago los incendios a golpe de papel.

Y hoy por fin absoluta, bendigo las palabras. 

Ya no hay tierra, ni patria donde inscribir tu nombre. No me quedan batallas ni cuentas para ti.                            

Puedes medirme acaso en el amor que te daba, y volver a morderme en esa muerte que ya no importa a nadie, ni tan siquiera a mí.

Contémplame descalza para el mundo; sin cobro revertido,   ni equipaje de exceso hacia el pasado. 

Y arriésgate a tu suerte, de diablo o caballero. Aprende, si es que puedes y protege a tus hijas de riesgos como tú… 

Deja blanco el peligro, deja limpio tu ego.

¡No lo laves en mí!

 

Que todo está obsoleto

Que todo está obsoleto

Y ahora, sobrevuelo

lejísimos de ti

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