Dentro del Temazcal, fin de año 2014. Arbucias

imagen de Elisabet Rodríguez
Imagen de Elisabet Rodríguez

Estoy en Arbucias. Es la noche de fin de año y es la primera vez que voy a participar en una ceremonia de Temazcal*.

Estamos todos sentados frente al fuego del Temazcal. Una rueda de mujeres, hombres y niños. También hay un perro con nosotros. 

Ojos de llama en la noche, prendidos por los reflejos del fuego en la oscuridad. Estrellas, sobre la rueda de la noche. Cantos de agua sagrados que inundan el silencio del corazón de la inmensidad. Corazones de fuego, empoderándose en la rueda.

Siento que todos ellos comprenden y aman la fuerza del ascua, de la piedra, del bosque, de la noche y de la inmensidad.

Después de los cantos, entramos en el Temazcal.

Pero mis ojos aún eran de lluvia y mi corazón un frágil navío perforado a punto de naufragar.

Una vez;  yo era una mujer, dentro de esta mujer, que no escuchaba el vientre de la Tierra. Completamente sorda, herida y sin raíz. Dispersa, ante el abismo más ciego de no saber reconocerme: hija del espíritu del aire, del agua, del fuego, de la tierra…

 He sabido que el fuego regresa a ti;  cuando sientes la sangre  fluir en ti conscientemente y el miedo se te empieza a licuar en la oscuridad, mientras el vientre de la Tierra y el chamán que está guiando el Temazcal te sostienen. 

Cuando mi cuerpo de sangre se sienta sobre la tierra y empiezan a entrar las piedras, las abuelas, las ascuas vivientes de la hoguera; siento un calor muy intenso que empieza a abrirse paso en mis pulmones. Me arde cada poro de la piel y los pulmones. Casi no puedo respirar. Igual que un bebé, instantes después de salir del vientre de su madre: no puedo respirar.

Siento una bola inmensa debajo del diafragma. No sé qué es.  Me asfixio. Siento que muero o algo de mí se muere. No sé qué es, no sé que soy. No puedo analizarlo: porque me asfixio. Mis pulmones abiertos,  sólo inhalan el calor del fuego sobre el miedo que estoy sintiendo. Escucho los cantos y los rezos de las mujeres y los hombres bajo el techo del Temazcal. Parece que canten también dentro de mi pecho y  empiezo a olvidar que no puedo respirar y que ni siquiera he podido cantar como ellos.

Y mi pecho, lleno de agua, se desborda. Mis ojos se desbordan.

Tengo una inmensa bola justo en el estómago. No sé qué es. No sé qué soy. No soy, no soy, no soy. Pero mis ojos ya se han hecho a la oscuridad y mis pulmones se van acostumbrando al inmenso calor, dentro del Temazcal.

La lluvia del corazón se licua sobre la tierra.

Tumbada sobre la tierra, mi llanto es mi corazón que vuelve a anhelarse y anhelarme y se llena de sangre con el calor del vapor que desprenden las piedras hechas ascuas, rociadas por el agua.

Ahora sólo escucho el vientre de mi madre milenaria: la Tierra.

No soy.

Soy ella.

Mis lágrimas saben que dentro del Temazcal, soy ella.

Ahora ya no siento ningún temor.

Ahora, puedo cantar con mis hermanos. He regresado al corazón de la tribu.

He vuelto a mi corazón, dentro del Temazcal.

Mi corazón

ahora

es mi fuerza.

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*El Temazcal es un ritual ancestral  procedente de las culturas nativas de américa. Desde la antigüedad, se ha empleado como herramienta de sanación en la medicina tradicional.  Requiere de una laboriosa preparación de la hoguera, en la que se introducen las piedras, que posteriormente serán llevadas al interior del Temazcal por los “hombres de fuego”

En el interior del Temazcal, un guía Temazcalero conduce el ritual.  Cuando los hombres de fuego van entrando las piedras candentes, el guía las sitúa en el interior de un agujero excavado previamente en la tierra y les va rociando agua y alguna planta medicinal.  Se produce un vapor que inunda el interior del Temazcal y eleva la temperatura.

Es una vivencia de crecimiento personal. 

Si deseáis participar en una ceremonia de Temazcal, podéis dirigiros al enlace que os muestro más abajo. Carlos Solrac es el guía que lleva a cabo los rituales y el que prepara y organiza los encuentros.

https://www.facebook.com/groups/temazcalme/

Lo que cuenta…

Imagen de: Dieter Willasch
Imagen de: Dieter Willasch

La primera emoción es lo que cuenta. La canción que me diste, lo que cuenta.

Los ojos de la noche sobre las ramas de mis brazos, contemplando

si escribo que te extraño.

El Creo en la hermosa costumbre de mirar a los ojos con los ojos. Eso, es lo que cuenta.

Lo que vale por mil, lo que no compra nadie. Lo que jamás ningún hombre podrá

vendernos. El corazón, es siempre lo que cuenta.

El fuego sobre el verso y el alma sobre el fuego del poema.

El haberse encontrado y ahora: estar a mil silencios de ti, y que tú no me hables, ni me

extrañes, pero tener aún guardada la canción que me diste.

Lo que cuenta, es lograr la fuerza necesaria para cruzar el tiempo y no arrepentirse

ni del gesto, ni del verso, ni de nada.

No anclarse buscando la palabra verdadera, es lo que cuenta. Creer que las verdades

pueden ser ambiguas. Intuir que la verdad ambarina como el oro, siempre fue el camino

las huellas que dejamos a nuestro paso. Las  que seremos y dejaremos mañana, lo

que cuenta.

Tener tu huella en mí: en mí, también es lo que cuenta. Estar creciendo aún, allí y ahora.

El corazón en la brecha mirando hacia lo humano, lo que cuenta.

Y ser esa insólita promesa que sólo uno mismo reconoce, porque nadie más habría

podido anhelar para uno mismo.

Que la luna te busque y la noche te encuentre y empiece un nuevo día y puedas salir hacia

tu vida para empezar a caminar tus sueños, es lo que cuenta.

Que el frío del invierno no te hiele; ni el pecho, ni la voz, ni la belleza, es lo que cuenta.

Que el corazón sea el terreno del verdadero oficio.

Que el amor sea tu ritmo preferido y el mundo en que vivimos un hogar habitable

por todos, para todos.

Que lo tibio sea limpio y lo  limpio se toque con los dedos.

Que la esperanza sea el ala a la que abrazamos nuestros temor humano.

Que la consciencia sea el destino de todos aquellos que buscamos:

estar dentro, estar fuera, estar vivo. ¡Estar!

Vivir en este instante es lo que cuenta. Una piel sin bandera: en mí,  es lo que cuenta.

Llorar y ser la lágrima, beber y ser el agua. Danzar para vivir.  Y si voy a escribir; reunir

primero el fuego necesario sobre la página en blanco.

Tejer y ser el tejedor de tus sueños, soñar y ser el sueño. Cantar y ser la voz, porque tener

una canción: en mí,  también es lo que cuenta.

Tener una ilusión, es lo que cuenta.

Amar. Vibrar, es lo que cuenta.

¡Feliz y prospero 2015 a todos!!

Baila o sueña que baila…

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Es una ciudad que vive frente al mar

y como el mar en su ahínco

te baña palmo a palmo

Calle a calle va contigo

como tú vas con ella

y cuando te alejas

siempre regresa a ti

Es una libertad de auroras

en tus mareas

sobre olas consentidas

Y cuando los hombres duermen

la miras

la respiras

la seduces

quieres sacarla de su jaula frente al mar

decirle que tu jaula

ahora son sus calles

Sabes que hay hombres que la han visto llorar

en una soledad de multitudes efímeras

Gemida sin palabras

ella se declina

es húmeda y ambarina

si la desnudas tiembla

si la caminas

te halla o te penetra

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“Colisiones”

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“Colisiones”

Haber colisionado con la contrariedad de los otros
los otros
las manos
los clavos
los espejos

Haber colisionado en los espejos
y llevar el rostro roto
y aún así seguir lanzada a los espejos
a cada otracidad
abismo
colisión
contrariedad
del otro

He colisionado mil veces por instinto
He sido hundida por tocada
Y ya solo estaré donde pronuncien fuego
y el fuego sea arder
o ser la propia llama desear la colisión
el hálito
y la voz sobre el poema

Una mujer tampoco es una guerra
y yo ya he sido hundida en la batalla

Un hombre..
Un hombre tampoco es
sin colisiones

I_rock__therefore_I_am__by_JonathanEdwin

“Los rockeros”

Nadie hubiese dado un duro
porque tú, un día;
estuvieses leyendo poemas
como leyendas urbanas
y cruzaras la noche
con la soledad inyectada
de palabras ajenas
que se van metiendo en ti
como en la víscera

Nadie diría que un día
en ti, tropezaría una mujer
(a cosa hecha, porque siempre es a cosa hecha)
Tropezaría, para medirse las fuerzas y cruzaría
noche tras noche una espera
en esa soledad inyectada
sobre tus ojos desnudos
una espera

Nadie diría que cedes a la costumbre
del cansancio
o que esa quietud
sobre la calma
que intentas
de ojos para fuera
por dentro habla de rotos
de mundos que han crecido
al borde de las lágrimas

Nadie diría que amas
pero que a veces no te dejas amar
Y entonces vuelves
a las leyendas urbanas
a cruzarte las noches
sin querer leer poemas
que puedan ser espejo
de tu ternura hambrienta

Nadie diría que en la piel
habita el hilo de la consciencia
Que si rozas o tocas:
eres lo que tocas
y si huyes,
la piel no te defiende
y tú, te quedas solo
frente al frío

Nadie lo diría…
Pero a día de hoy
las mujeres como yo
que defienden
o escriben los poemas
saben que los rockeros
son rebeldes o duros
por costumbre
pero en el fondo y no tan en el fondo..
Se mueren por ser: AZULES

Somos, literatura cero…

Cometa Lovejoy
Cometa Lovejoy

Haces balance de cuentas y regresa la misma canción… Amor, conato, principio de acción o fuego… Soledad. Llevas en las venas, la sed de un hombre en guerra. La infancia, de un millón de lágrimas. Pero otras te dirían: “Llevas, la tez de un hombre triste” y te dibujarían una sonrisa y cerrarían los ojos para darte un beso. Pero yo ya solo miro detrás de los rostros y si alguna vez nos diésemos un beso, abriría lentamente los párpados porque querría saber si tú,  te ofreces con los ojos abiertos al Amor-Conato-Intento… Principio de fuego. Me miras y te diriges otra vez a la misma puerta de salida: la paz de la soledad instintiva… Porque solamente a solas nos hemos desgarrado o nos hemos llenado de destiempo el minutero, para no poder hacerlo.

¿Sabes? Tú y yo: aún no hemos sido escritos. Somos, literatura cero. Un pálpito, una vez en la sangre. Pajarillos sin canto en el aire. La cueva del corazón hereje por salvaje. Pero una vez fue un poema entre los dedos; una invocación a los sentidos, la intuición de que tú… La sed, de la impaciencia.

Una mujer te mira y se refleja, pero tampoco se desnuda porque teme que el niño de tus ojos soledades, aquel que te llevó a vestirte de hombre rudo: rechace la piel que va desnuda. Y a mí, que nunca me ha bastado lo sencillo, mi error sigue siendo esta jodida costumbre de no andar por lo sencillo. Y he aquí mis motivos para arriesgarme a ti, a estas horas de la vida en que se me ha volado la niña y solo me han quedado los desnudos.

Me pregunto: si alguna vez amaste con los ojos abiertos. Si alguna vez lloraste y dejaste que en ti, fuese la lluvia… A veces me persigue el mismo sueño, porque llevo una imagen clavada en la memoria: mis manos haciéndote de barro y tú, que me miraste tres segundos desnudo…

Nunca volviste a esta casa. Nunca… Porque aquí para sanar había que mostrarse el corazón hereje. No volviste a mirarme como aquella vez, desnudo.

Ya ha sido Navidad y tú y yo seguimos solos y siempre regresa la misma repetición: amor, conato, principio de fuego, soledades. No poder desnudarse es no poder abrir los ojos. Somos, aún, literatura cero. Si no somos escritos, el corazón hereje siente frío. Por eso, una vez, quise hacerte un poema. Una invocación a la vida o a la impaciencia…

¿Lo recuerdas?

Ahora sí es Navidad y todo ha sido escrito…

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Final de mi bitácora “Días de Diciembre”, porque ahora sí es Navidad y todo ha sido escrito. Hemos sobrevivido: la niña de la cueva y yo.

Lo confieso. Una vez; hubo un “él” que me dejó y dejó que lo dejara, para siempre, en Diciembre y no hubo más Navidad en dos años.

Pero siempre supe que soy libre. Que el ave, por ser ave: emigra a otro horizonte y no compite. Que las cenizas también son necesarias, porque el fuego lo salva o lo sana todo. El corazón es el fuego. La medicina china, me ha enseñado: el corazón es el Emperador de todos los órganos del cuerpo humano. El Emperador y  al mismo tiempo el Reino. Y por supuesto, el “Shen” o espíritu humano viven en el corazón.

Cada vez que me hieran, volveré a él; mi reino. Volaré, porque yo tengo cometas de emergencia. Volveré a ser la sangre del ave y ya nunca más hablaré  de la “mujer de aire”, porque ella quiso desaparecer detrás de aquel diciembre.

25 de Diciembre. Al fin, ahora Sí es Navidad.

A pesar de que corren tiempos muy difíciles, es Navidad. La vida, a cada instante se proclama competitiva. Los que te quieren, también te hieren. A veces, precisamente, lo hacen porque te muestras más frágil. He tratado de ser fuerte este Diciembre, aun así Diciembre siempre es Diciembre…

Me dicen que mi padre tiene cáncer (que no parece muy grave, pero es cáncer) Me dicen que el hijo de un gran amigo también tiene cáncer (y aún no sabemos hasta qué punto es grave…) Me he mostrado herida y desconcertada, ausente y frágil. He pasado algunas noches apenas sin dormir nada, y  me han vuelto a morder en el mismo sitio de siempre…

Aprendo, que sigo cohabitando en la inocencia. Que creo firmemente en la bondad del corazón humano. Pero ahora la vida es compulsiva y el mundo parece una jauría hasta en lo cotidianamente humano. A veces, nos devoramos los unos a los otros sin sentido. Muerdes: para que no te muerdan.  Nadie valora el daño causado o si era precisamente, “ese”, el momento oportuno. Si justo ese día, era necesario atacar por el miedo a no poder salvar tu propio culo.

Pero yo siempre me salvo. Vivo constatándolo herida, tras herida. Me salvo y aprendo que a fin de cuentas el corazón acaba prefiriendo a los de su linaje. Los que son como él y aman o viven la nobleza  por instinto de supervivencia o por pura cordura.

Volaré cada vez que me hieran. Regresaré de las cenizas y ocuparé de nuevo mi único territorio: el aire y la sangre.

He aprendido a gestionar mis propios duelos. Sigo sin llevar coraza, consciente de que así me van a seguir hiriendo cuando me muestre más frágil.

Pero ahora mírame, porque hoy es Navidad. Mírame y mira también dentro de ti: están haciendo contigo justo lo que quieren…  Querrán separarte de mí, que ya no pertenezcas a los de mi linaje.

Mira dentro de ti, porque ahora es Navidad y el mundo una jauría hasta en lo cotidianamente humano.

Mírate y dime: si vas a atacarme cuando me muestro más frágil.  Y si lo harás solamente, para salvar tu culo. O si lo harás porque yo,  tampoco soy de tu linaje.

Día 21, December. “La niña de la cueva y yo”

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Vivíamos sin dar paso al invierno, la niña de la cueva y yo. Llevábamos siempre leotardos y aún así, seguíamos con los sueños completamente helados. Pero al fin y al cabo: sobrevivíamos, al margen de otras cosas, y siempre dentro de la cueva, siempre, la niña y yo…

Las dos persistíamos en caminar muy despacio sobre la lana o la nieve del recuerdo. Y el recuerdo era fértil; porque paría otros recuerdos y toda la cueva era un desguace de vivencias-recuerdos y nosotras, debíamos caminar, esquivando los bultos, el hielo y las espinas que había derramado lo fiero de Diciembre, sobre nuestro suelo. Nos protegíamos del hielo prendiendo un fueguecito de palabras. Entonces, llegaban los poemas. Y las dos decíamos al unísono: ¡Entrad poemas! y los pobres poemas entraban en la cueva, completamente inconscientes de que tal vez nunca podrían salir ya de ella. Porque serían poemas para nutrir nuestra hoguera de palabras y nuestra soledad. Por eso, la mayoría de ellos eran quemados poco después de escribirlos, por lo inútil de servirnos para ninguna otra cosa.

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Día 20, December. “Un adiós tan sencillo…”

sketch-1419214549548Escribir nuevamente el adiós necesario.

Con los pies, con las manos,

con tu nombre.

Olvidar el reproche

el cómo y el cuándo.

El por qué.

Saber que no has de volver

cuando te muerdan los dedos

tus soledades.

Reescribir mi verdad y pronunciarme.

Con mi voz, con mis labios, con mi nombre.

Y decirte un adiós tan sencillo

que nunca me duela.

No esperar a que pase el invierno,

ni a que brote la tierra

que me prenda de nuevo

a la rama del árbol.

Renacer del silencio,

de la piel del letargo.

Ahora,

en este preciso instante.

Pronunciando un adiós tan sencillo

que te borre sin llanto de mí.

Publicado en:  “Mujer de aire”

http://mujerdeaire.blogspot.com.es/2012/03/un-adios-tan-sencillo.html

Día 19, December. “Mi vida, capítulo dos, kilómetro cero!

untitled2Mi vida…

Capítulo dos, kilómetro cero, de estos nuevos pasos a tientas, por sendas de la esperanza. Mi vida; razón de Ser sin precisar creer en ti, se ha convertido ahora en el tema principal de mi inocente cordura. Caen los sueños que ayer fueran míos… ¡Qué alguien pare este mundo! para bajarme del aire y bailar en la oscuridad bebiéndome los sorbos de mi propio lamento…

Vivir: sin ya soñar despierta, caerme de bruces sobre la inocencia. Andar y no tener los mapas de este nuevo camino. Recuerdos… Trocitos de mi vida, días con alma de dicha, fotos con cara de felicidad. Luna vacía de Alejandría; tenías la calma de mi corazón mucho antes de que aullase bajo tu sombra, aquella loba- amante solitaria. Leer Más

Día 18, December. “Y sí, me he escrito desnuda…”

Colage del lienzo de  "Lady Godiva"  de John Collier
Collage del lienzo de “Lady Godiva”
de John Collier

Y sí,
me he escrito desnuda
porque desnuda soy
y ya no es el frío.
Desnuda soy la voz
sin la niebla
ni la ausencia
ni el vestigio o el hálito del frío.
Desnuda, soy la piel
y por la piel, soy esta hegemonía.
Desnuda, soy un vestido
un “yo” sin abalorios
ni noches
ni poemas.
Soy,
todo lo que me obliga a ser
el cuerpo en la vivencia
de un yo
que ahora
es mío
por desnudo