Mujer de aire

Bruno Schmeltz, Artodissey

«Mujer de Aire»

Habías pronunciado mi nombre en sueños.

La noche andaba buscando, las fábulas de aquel antiguo tesoro

que habías guardado, debajo de tu cama,

cuando empezabas a ser un niño esponja, 

acunado por el canto de las sirenas.  

Allí,  habías escuchado por primera vez mi nombre.

Con él, creció inmensa tu sonrisa,

llevó a tus ojos la llovizna de un amor, que aún no conocías.

No habías aprendido todavía a amar,

pero tus ojos brillaban como estrellas en la noche

cuando pensabas en mí…  

«Algún día, será mía…

La mujer del aire y las espumas del mar»

Creciste demasiado rápido,  te habías hecho mayor y seguías tan esponja…

Buscando sueños por el mundo, te habías olvidado de mí

y de la fuerza universal de mi nombre.  

Y yo, había tenido que estar viviendo todo el tiempo sin ti;

en los versos de los poetas, en los lienzos de los pintores,

en la danza de Venus.

Para que el destino no se olvidara de pronunciarme y pudiese seguir existiendo,

como una Mujer de Aire.  

Esta última noche, volviste a decir mi nombre mientras dormías.

Y tuve que salir de cada verso, de cada lienzo, de la noche y el tiempo de los astros.

Y así, volver a acariciarte en tu sueño de amor alado.  

Ahora, ya sabías amar. Habías aprendido muy bien…

Ya podías desdibujarme y volver a crearme entera, entre tus manos.

Ya podías, borrarme de las venas: la mujer de los versos y los poemas, para hacerla realidad, con tu deseo.

Dejaste en mi blanca desnudez, tus besos.

Se tiñeron tus labios de rojo, besando los míos.

Me dejaste en el vientre, el frescor y la delicia de las espumas del atlántico.

Y yo, respiraba de tu cuerpo mientras tú entrabas en mí

consciente de que ya, nunca podrías olvidarme.

Consciente, de que tal vez algún día

yo volvería a ser del aire y  tú, del océano.

Stephen L. Haynes

He despertado esta noche, entrelazada a tu sueño.

He despertado, con los cabellos rojos

como el color de mis labios y de tu fuego.

He despertado, con las palabras al viento

y una manta de flores, cubriendo mi deseo.

Ahora sé, que no debo tener miedo de nada.

Ni siquiera, de tus labios cuando me pronuncien.

Ni siquiera, de mi incendio cuando me deje desnuda

para que tú, me tengas:

Mujer de Aire y Fuego

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