Mes: octubre 2020

El hombre del sol, poema-leyenda

«A él le gusta que lo miren, y que el hombre goce de llevarlo dentro mismo de su cuerpo. Yo lo he hecho, y quiero, que tú lo hagas niña mía, porque sé que el Sol debe llevarse por dentro.

Dentro de nuestra sangre y así sea la sangre el fuego, que rebose en los poemas, que aún me tengas que escribir, cuando esté lejos.Y si sientes que el Sol se encuentra tan a gusto dentro de ti, amor, no permitas nunca que se vaya. Porque hay muchos hombres que lo pierden y van muriendo, sin saberlo, un poco cada día…

Llévalo siempre en el corazón y tras tu frente y así cuando yo esté perdido y no me encuentre, pueda volver a encontrarte y a encontrarme.

Yo también lo llevaré dentro de mi corazón y en mi frente, para que cuando seas tú la que esté perdida y sientas temor, sepas que mi Sol estará siempre esperándote para fundirse con la luz del tuyo»

El desnudante

Un día, pintábamos un río y supimos que, «Se puede fragmentar el agua». En oxígeno e hidrógeno. Y cada uno de sus átomos, en moléculas. Entonces comprendimos que, si uno a uno los sumábamos, cada cien mil ríos formaban un mar. Quisimos dibujar, mares y océanos. Y así, que cada uno tuviese el suyo para abrazar su mundo.
Hoy hemos preguntado: «¿Se puede fragmentar el aire? ¿El alma universal del aire? ¿Sus millares de átomos que dicen, que son inquebrantables?»
Nos miran, sin respuesta los ojos del gran Cosmos frente a Venus. La estrella de la noche siempre veló mis sueños. ¿Lo ves? Ese ideograma «de Amor» está bailando en la pizarra. Lo estamos contemplando boquiabiertos…

Yo, Sabana

Tú, buscadora: lo sentías…
Ahora ya no eras la gata de la lluvia maullando en piel ajena, soledades,
¡Ya no eras!
Ahora, dilataba tus pupilas el alma de la luna, danzándole a tus ciclos:
el amor hacia ti misma y la ternura.
Y yo, mujer hermana, tan solo te contaba mi vivencia.
Mi pequeña palabra o verdad. Mi forma personal de sanarme a mí misma, para mí y para el mundo, por si a ti, también te servía.
Yo solo te contaba, que ahora no dormía mi memoria en sueños frágiles de aire.
Que ya cesaba el llanto de mis ojos y giraba veloz sobre mis propios pasos, si es que regresaba: caminante él a mi camino y volvía a recordarme, de qué hoguera y de qué selva habíamos nacido los dos.

Como todo alguna vez se me ha hecho sueño…

Como todo alguna vez se me ha hecho sueño, hoy te digo, que esto nuestro no.
Esto nuestro, no es solo un sueño. Ni siquiera es simplemente un cuento de amor. Es una voz. Una voz que está viva y ardiente. Que sigue dentro de mí, que me habla con tu acento y que me dice:

—Estoy aquí, ¡Tómame! Soy yo…

Y te tomo y ya puedo empezar a dormirme serena, mientras tu voz, se acerca o se aleja, o se me pierde en el aire, y ya en mi sueño más profundo, empieza mi viaje a otro lugar…

Mujer de aire

Bruno Schmeltz, Artodissey «Mujer de Aire» Habías pronunciado mi nombre en sueños. La noche andaba buscando, las fábulas de aquel antiguo tesoro que habías guardado, debajo de tu cama, cuando empezabas a ser un niño esponja,  acunado por el canto de las sirenas.  … Continue Reading “Mujer de aire”